lunes, 26 de julio de 2010

Los Juegos del Hambre (Suzanne Collins)

Los Juegos del Hambre (Vol. 1)


Título original: The Hunger Games
Autor: Suzanne Collins
Sinopsis:

Es la hora. Ya no hay vuelta atrás. Los juegos van a comenzar. Los tributos deben salir a la Arena y luchar por sobrevivir.

Ganar significa Fama y riqueza, perder significa la muerte segura...

¡Que empiecen los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre!

Un pasado de guerras ha dejado los 12 distritos que dividen Panem bajo el poder tiránico del “Capitolio”. Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Sólo una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida. Sus prinicipios se pondrán a prueba con “Los juegos del hambre”, espectáculo televisado que el Capitolio organiza para humillar a la población. Cada año, 2 representantes de cada distrito serán obligados a subsistir en un medio hostil y luchar a muerte entre ellos hasta que quede un solo superviviente. Cuando su hermana pequeña es elegida para participar, Katniss no duda en ocupar su lugar, decidida a demostrar con su actitud firme y decidida, que aún en las situaciones más desesperadas hay lugar para el amor y el respeto.

Opinión...

Excelente! desde Cazadores de Sombras que no leía algo tan bueno relacionado con la literatura juvenil.
Lo más importante que se merece destacar es el contenido social que al resto de este tipo de novelas les suele faltar, me encanta el sentido alegórico que tiene respecto a las peculiaridades de la vida actual.

No soy de leer o mirar mucha ciencia ficción (exceptuando a Volver al Futuro y Stars Wars), pero sin duda me hace mirar este género con otros ojos.
Son personajes muy reales, honestos, que no dan lugar al melodrama del cual ya todos estábamos un poco empachados, ya que lo principal es sobrevivir y esto le da una intensidad sin igual. Katniss Everdeen; Sin duda llega el buen momento de terminar con las Marie Sue! Es totalmente práctica, hábil, sincera con un gran sentido común. Peeta Mellark; El chico del pan, mata lo bueno y sensible que es, aunque es sumamente interesante la capa de duda que nos planta en muchos momentos la autora sobre él, sobre saber de que lado está realmente

Había llegado a poco menos de la mitad cuando un día me logró desvelar y lo terminé de un tirón esa misma madrugada, es sorprendente como te atrapa es lo que más me gustó: no hay un solo instante en el cual te puedas aburrir...es casi una experiencia audiovisual.

Si tengo que elegir la mejor escena (ojo spoiler) es en el momento que los juegos parecen supuestamente terminar y llega la orden del presentador que se retracta de su antigua ventaja de poder ganar los dos, y ahí Katniss por reflejo lo apunta a Peeta, eso es genial...realmente cuando estamos al límite nuestros sentidos son protagonistas...es muy intenso, apasionante. Y claro es épico hacer la gran Romeo y Julieta....onda "si vos no vivís, yo tampoco" unos momentos después. Es ahí cuando me paro a aplaudir xD

Y para terminar, acá estoy esperando Catching Fire es que lo quiero en papel...me hace mal leer de la computadora xD ya sé que cuando todos ya están esperando el tercero, yo recién espero el segundo. ¡Pero así son las librerías argentinas! y sigue mi protesta de..."YA-entienden-por-qué-la-juventud-no-lee-y-es-así-de-bruta"...porque por lo visto, a los ministros de educación y toda esa bola...no les importa en lo más mínimo difundir nada literario, ni siquiera de los propios autores argentinos aaaaaaaaaaa, me voy porque me viene la bronca ¬¬

domingo, 25 de julio de 2010

Acá volviendo...♥

Perdón mis ángeles por esta ausencia, la explicación es larga y aburrida. Lo importante que acá estoy para volver a hablar de literatura, capaz que alguien le gustase leer "Ensueño en Buenos Aires" está medio caiduchi la cantidad de poca gente que lo lee...pero bueno, asi es el medio algunas veces se gana...otras se pierde xD Re Juan Perujia era jjajaja (bueno los argentinos entenderán)
También volvamos a hablar de cine, de series, de la vida, acá vale todo.
Besos

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 11

Para Naty :D

11. Iemanja

Guerra santa, revolución,
Pose humilde, Superación,
Vida al límite, proliferar…
Madre natura, único Dios…
Aire, agua, sol y nada más existe…
Nada más existe, nada de eso
Attaque 77

-¿A dónde vamos?- preguntó Diana al observar como Marianela y Cecil estaban preparando sándwiches de jamón, queso y mucha mayonesa, mientras los colocaban en una hermética bandeja.
-Ya te dije peque, no sabemos- contestó Cecil- Gabriel nos prometió llevarnos a pasear por ahí
-¿A los cuatro?- inquirió la pequeña
-Sí
-¿Y por qué hay cinco vasos en la canasta? ¿Y cinco platos?- indagó una vez más
-Por si se mancha alguno…y deja de preguntar- respondió sin mucha convicción
-¿Las ayudo?- continuó preguntando a pesar de la advertencia
-Sí- respondió Marianela esta vez- elegí que galletitas querés comer ahora así guardamos el resto para llevar
-Se extrañaba esta Marianela que vemos hoy- susurró Cecil con una sonrisa compinche- espero que sigas así

Se escuchó el timbre y Diana salió corriendo a abrir la puerta a su padre, se escuchaban las risas desde afuera y más de una voz. Cecil dejó de preparar las cosas y también lo fue a recibir;

-Hoy es un día de sol espléndido…no veo la hora de salir afuera- les dijo en el umbral de la puerta
-Espero que ella también piense así- le contestó Luca con una sonrisa a su amiga.

Él vino acompañado de Gabriel, por supuesto que estaba todo planeado y que todos lo sabían excepto Marianela. Y así caminaron hasta el comedor los cuatro; Cecil del brazo de Gabriel, a su vez él tomado de la mano de Diana y Luca arrastraba sus pies unos pasos más atrás. En el comedor Marianela se sorprendió de la llegada del invitado, pero aguardo silencio y no pudo esconder su mira de incredulidad

-He luchado en vano. Ya no quiero hacerlo. Me resulta imposible contener mis sentimientos. Permítame usted que le manifieste cuán ardientemente la admiro y la amo- recitó Luca de memoria

La expresión de la chica pasó a una total incertidumbre con verdaderas lágrimas en los ojos frente a aquellas palabras, pero exprimió rápidamente su cerebro hasta encontrar el origen de esas letras que le resultaban familiares y con congoja miró a Cecil, de quien juzgó responsable

-¿Piensan que voy a cambiar de opinión porque la sabelotodo lo instruye al ignorante en un párrafo de vieja literatura?
-Se dice: Un clásico; no vieja literatura- corroboró Gabriel y ahogo sus siguientes palabras ante la mirada mordaz de su amiga pelirroja
-Además siempre odié a ese Mr. Darcy…es tan…tan…Orgulloso
-Casualmente- puntualizó Luca- es orgulloso, pero la ama. Como yo a vos. Y como la señorita Bennet en el fondo lo ama a él…sé que vos me amas a mí
-No estoy para trabalenguas y me cansé de esto. Carguen los sándwiches y vámonos de una buena vez a pasear “por ahí”- concluyó cargando una canasta y dirigiéndose para la calle a colocarla dentro del auto

-¿Qué fue eso?- preguntó Cecil al cabo de que su amiga se haya marchado- No te echó a patadas…simplemente está dejando expreso que si te callas un rato podes compartir este viajes con nosotros
-Por las dudas no aleguemos conjeturas erróneas- expresó Gabriel- dejemos a la vida actuar por sí sola
-Bien dicho- convino Luca- Es un poco extraño compartir un día entero con ustedes después de tantos años…ya tienen una hija
-Pero mi mamá es Laura, no Cecil- comentó la pequeña
-Bueno- dijo incómodo el doctor- .Ya vamos a tener tiempo de explicar esos detallecitos
-Pa, quiero ir con mamá
-¿Por qué?
-Por qué soy caprichosa. ¡Qué preguntas tontas las tuyas!

Y entonces Gabriel fue a llevar a la niña con su madre. Al regresar terminaron de empacar todo y sin más miramientos emprendieron su camino, se dirigieron al sur y tomaron la ruta dos. Claramente no hay muchas opciones yendo por ese camino, seguramente el inconciente de Gabriel seguía anhelando un nuevo aire, pero un viaje a la costa no es algo que se realice en un solo día ¿Cómo es que su cabeza procesaba volver al otro día al trabajo en cuánto cada vez se alejaba kilómetro y kilómetro?

-Amigo… ¿no te estás yendo un poco al carajo?- preguntó Luca a su lado deduciendo el rumbo que estaban tomando. En el asiento trasero Cecil y Marianela charlaban animadamente, tanto que no repararon en cuánto se alejaban cada vez más de la ciudad

-Pero yo no quiero un gran festejo para el casamiento- decía Cecil- no se puede estar dilapidando mientras otros no tienen un techo, algo para comer o abrigo…
-Cecil, cualquiera que tuviese la posibilidad de celebrar algo a lo grande lo haría. Es solo una vez en la vida
-No, yo quiero hacer otra cosa con mis ahorros. Es una idea grande y jamás se la conté a nadie- replicó
-Larga lo que tengas ya- apuntó la otra
-Bueno, mi sueño es llevar a cabo una biblioteca…pero no una cualquiera. Quiero tener la más completa en cuánto a filosofía y literatura. Que sea gratuito y para todas las edades, quiero que haya charlas además para que los jóvenes comprendan realmente el mundo y sepan conquistarlo, para que los adultos no declinen en sus sueños y que sigan luchando por el bienestar y para que la gente mayor sepa mirar atrás y enseñar a los demás que les dejó la vida, así trasmitírselo a los menores y de alguna manera…no sería cambiar el mundo, pero sí cambiaríamos el mundo para muchos
-¿Creés que una biblioteca puede hacer la diferencia? ¿No te parece un poco ambicioso todo eso? – le respondió contrariada su amiga
-Cuando se trata de algo bueno la ambición, no es un problema
-¿Y el capital para todo eso? ¿Te pusiste a pensar?
-Por supuesto, y ese es el mayor problema. Ni siquiera aunque consiguiese el dinero para comprar los libros y un lugar grande y céntrico…no se ve sustentable, es muy difícil mantener un lugar así
-Si algún día lo podés hacer, yo te voy a ayudar. Porque vos siempre estuviste para mi cuando lo necesité- la consoló dulcemente

-¡Estamos llegando a Mar del Plata!- anunció un Luca Jovial
-¡¿Qué?!- preguntó Marianela- ¡Tantas horas pasaron! Yo mañana tengo que trabajar…
-Todos trabajamos mañana- apoyó Cecil preocupada
-Shh- les retó Gabriel-. Quieren olvidarse por hoy del mundo y vivir…hay que vivir no solo existir y ser un títere. Mañana será otro día y tendremos muchas excusas que inventar pero dejémonos de joder las pelotas y disfrutemos de todo esto
-Entonces… ¿Qué esperamos?- preguntó Cecil animadamente- ¡Vamos a la orilla del mar!
-A nosotros solos se nos ocurre venir al mar en invierno- dijo Marianela riendo
-No hay tanta gente molesta, ni nenes ensuciando el mar con sus desechos mientras sus padres duermen la siesta y no los vigilan- argumentó Luca y cruzó una mirada divertida con ella, era su primera conversación sobre un tema ajeno y superficial en mucho tiempo
-Estás diciendo que de chico meabas el mar y tus papás no te prestaban atención- objetó la muchacha. Todos rieron en son de paz
-No…a mis viejos no les alcanzaba la guita para venir hasta acá
-Entonces vas a conocer el mar ahora- respondió Gabriel con una sonrisa
-Les debo mucho a ustedes tres. Lástima que jamás pueda hacer nada para enmendar mis cagadas

El aire se volvió un poco tenso, pero no opacó la alegría de los cuatro. Dejaron cerca el auto y abrigándose lo más posible se dirigieron a las grandes piedras de la playa La Perla

Lentamente la noche comenzaba a caer, oscureciéndolo todo, pero a su vez a luna con su tenue luz reflejaba cualquier imperfección, el aire salado se pegaba en la lengua de todos con un sabor placentero a paz, el agua se agitaba golpeando las rocas y empapando un poco sus pies.
Cecil y Gabriel se sentaron en una de las tantas rocas de a lo largo y abrazados contemplaron con respeto y disfrute la belleza imponente que tenían delante, no necesitaban de ninguna frívola palabra que decir, solo se miraron el uno al otro y sonrieron.

Marianela sin la compañía exhaustiva de Cecil y Gabriel se sentía desprotegida y sola, por eso caminó hasta la punta y le recorrió un escalofrío al ver que iba vestida con una camisola blanca, no pudo evitar acordarse de Alfonsina Storni y recordó que fue allí mismo donde ella comenzó a adentrarse en el mar…”Sabe dios que angustia te acompañó. Que dolores viejos calló tu voz” resonó la canción en su interior.
Como ella esperaba sintió la presencia de Luca detrás suyo y su mano que se apoyaba sobre su hombro

-No va a pasar un día sin que te pida perdón y te diga lo mucho que me apena lo que pasó- susurró a su oído
-Y no va a pasar un día sin que te recuerde que mi papá está muerto, Luca- le dijo con tristeza, pero sin rodeos, ni siquiera odio en su voz, sólo la cruda verdad
-Me arrepiento, pero no hay nada que pueda hacer…y lo recuerdo cada día. Eso te lo puedo asegurar. Lo que puedo hacer es seguir trabajando de sol a sol para devolverte el bar…y de alguna manera devolverle a Roberto Landau la paz, haciendo feliz a su hija. Se que él quisiera verte feliz y se que conmigo sos muy feliz
-No es así de fácil- le respondió exasperada.

El la rodeó y se puso enfrente de ella mirándola fijo y sosteniéndola con fuerza entre sus brazos;
-Decime si esto no te hace feliz un instante…yo te juro no aparecer más por el resto de tu vida- le amenazó con una dulce sonrisa, pero ella tapó su boca con una mano
-Y te vas hacia allá como en sueños, Dormida, alfonsina, vestida de mar...- canturreó Marianela- ¿Sabías que ella se suicidó por no soportar más su dolor?
-Y eso quiero, terminar con tu dolor. Sé feliz conmigo de una vez

Marianela se sentía débil y desprotegida, sin saber bien a que recurrir: ¿hacerle caso a la razón o al sentimiento?
Simplemente lloró toda su angustia y se tendió a los brazos de quien la sostenía a su lado. Y Así permaneció largo rato desahogando su dolor sobre el hombro de su amigo, su amor, su esperanza…

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 10

Capítulo 10

PVO Marianela

Un Beso y Una Flor

De día viviré pensando en tu sonrisa
De noche las estrellas me acompañaran
Serás como una luz que alumbra en mi destino
Me voy pero te juro que mañana volveré
Nino Bravo

“Un día más” me dije al despertarme. No se si aquello me animó, pero logré sentarme en el borde de la cama. Largué un profundo suspiro y me levanté hasta la ventana. Era increíble que a pesar de la oscuridad que puede haber en el interior de una persona, el sol siguiese saliendo con todo su resplandor, su luz parecía una broma a mi alma.
Me calcé unos vaqueros desgastados, una remera holgada y unas viejas Topper en mis pies, de aquella época en la que en el secundario usábamos las mismas zapatillas que los “Rollingas”.
Tal vez, fuese porque quisiera con ansias regresar a aquella época, donde mi vida era sinónima de felicidad y sobre todo de normalidad.
Era mucho más estúpida, ingenua y hasta crédula y sumisa, pero preferiría de ser así. Preferiría seguir en aquella burbuja que había creado mi padre para mí, a tener que enfrentarme con realidades, que pensaba, ocurrían solo fuera del hogar, sólo en la televisión. Y ahí estaba mi papá muerto de una de las maneras más crueles y vulgares que puedan existir; un infarto, provocado en parte por mi novio…ex novio.

¿Y su nota al morir? No lo martirices…si yo fuese él, hubiera echo lo mismo con algún millonario que desperdicia su tiempo y dinero, en hacer sólo más dinero.
Esa nota resonaba en mi mente día tras día ¿Qué parte de razón tenían aquellas palabras? Era difícil de comprender todo lo que pasa por mi cabeza, demasiado tiempo sola entre cuatro paredes.

¡Repartidora de pizzas! Jamás creí que sería esto en mi vida. Me imaginaba diseñadora de modas, estilista o hasta modelo. Nada de eso se compara con el viento que entra a través del casco de la moto en los días frescos “Encontrá tu vocación” me había dicho Cecil…me costó mucho tiempo comprender que una vocación, no era algo relacionado con nada más que yo misma. Quiero decir, yo quería ser diseñadora, modelo o estilista para ser reconocida, ganar dinero seguro y para saber utilizar el don que Dios me dio; la belleza. Con sus alocados pensamientos, como yo los llamo, me hizo entender que todo aquello de reconocimiento, belleza y dinero era algo inventado y desarrollado a través de muchos, muchos siglos, que sólo se puede dar porque la gente cree…yo simplemente quería ser algo de eso porque está en el inconciente colectivo, pero me olvidaba de que es lo que realmente, con una mano en el corazón me daba satisfacción, y le dije a Cecil “Sentir el aire, dar y recibir” y entonces Cecil me respondió “Eso fue muy profundo, pero difícil de que los humanos practiquen eso” Y lo más parecido que encontré hasta el momento es repartir pizzas; siento el aire, doy un servicio y a cambio tengo lo esencial para vivir, a veces. Pero, además me dijo que nunca deje de buscar, porque todavía no estoy cien por ciento conforme con esto…tal vez es algo más espiritual que laboral, pero pretendo buscar y buscar hasta encontrar lo que realmente ame.

Me puse mi campera favorita, para abrigarme bien en este frío invierno, tomé las llaves, el casco y salí a la calle con el sol que rebosaba de brillo. Estas son las lindas mañanas en los agostos de Buenos Aires: secas, frías y algunas veces soleadas

-Colorada, andá a la Av. Libertador al 1435…una casa de rejas verdes- me dice Esteban, el encargado de los pedidos, un chico simpático que siempre está de buen humor…precisamente a veces esa simpatía me irrita, parece que está fingiendo y siempre sonríe. “Pero es un buen chico” diría papá- y apurate bonita, que no se entregan solas las pizzas
-Ya va, ya va. Esperá que me pongo el uniforme que sino la inchapelota de la encargada se enoja
-Perdón señorita- me dice una voz ronca en mi espalda y el estómago se me reduce a una estrecha pelotita de tenis; la encargada escuchó mi comentario
-Lorena…paz y amor, Mari habla en joda. Tenés que admitir que a veces sos demasiado estricta…vendemos pizza, no diamantes- me salva Esteban con una de sus mejores sonrisas
-Gracias- le susurro entre dientes al pasar rápido a su lado con mi pulcro uniforme puesto y lista para salir a la calle

A las ocho de la noche terminó mi turno como todos los días, y a diferencia de la mayoría de la gente que espera con ansias que termine el día para volver a su casa calentita y feliz, con sus esposas y sus hijos, sus obligaciones y problemas que ocupan su día.

Yo simplemente termino el día cuando bajo de mi moto, porque casi no me dan ganas de prepararme nada para comer. Parece ridículo, pero al estar solo, preparar una cena, poner un plato y luego limpiarlo se vuelve extremadamente solitario y parece innecesario. Mis energías alcanzan para preparar un té, leer un libro e ir a dormir. Sí, leer un libro, Cecil despertó en mi esa pasión…depende el gusto de cada uno y probé infinidad de géneros, pero ninguno me entretenía.
Pensé que por mi personalidad lo más obvio sería una novela de amor, alguna historia sobre pasiones, pero nada me entretenía realmente y cuando estaba por declinar y dejarme seducir por la acostumbrada televisión encontré algo que me gustara: La ciencia ficción, yo la creía ridícula de más joven, pero ahora me encanta y mi tiempo libre lo dejo fluir entre sus páginas, la máquina del tiempo es mi favorito… ¡Y yo que pensaba que Marty McFly había sido el primero en viajar en el tiempo!

Así que preparé mi té, lo endulcé bastante y justo, cuando me disponía a sentarme en el sillón más confortable y cómodo del departamento; sonó el timbre
Me levanté rezongando y abrí rápidamente la puerta con la intención de acabar rápido con algún vendedor o religioso que intentara comprarme, pero en la puerta no había nadie. Sonreí al pensar que algunos chicos aún juegan al Ring Raje y no que estén a los diez años probando su primer cigarrillo, pero al bajar mi vista, vi un sobre lo levanté del suelo y creí que era otro anillo, porque en aquel pequeño sobre no cabía ni una rosa, ni ninguna otra cosa ya recibida.
Entonces lo abrí, con una emoción renovada y descubrí en el una pequeña entrada de cine. Eso no lo esperaba.

Por fuera del sobre estaba escrita con letras impresas la dirección del cine, y la entrada con horario de nueve treinta horas.
Faltaban treinta minutos así, que sin pensarlo, me cambié en quince, me pinté en cinco y en diez minutos ya estaba haciendo la cola para entrar a la sala.

Era extraño, porque si yo no quería ver a Luca… ¿Por qué aceptaba su invitación?

Quizás el motivo era que nada emocionante había pasado en mi vida durante tres largos años y un poco de emoción no me vendría nada mal. Pero tenía que admitir que mi corazón latía con una increíble intensidad, una mezcla de júbilo y miedo recorría cada una de mis venas. Y entonces me di cuenta que ni siquiera me había fijado en la película correspondiente a la entrada.
Leí el título y no lo conocía, ni siquiera sabía de qué trataba. Esperaba encontrar algún indicio de él, una película que él iría a ver sería de acción, o de terror. Así que sin poder contenerme pregunté a una señora bajita, de pelo negro y lacio que estaba adelante mío en la fila

-Disculpe… ¿De que trata la película?- le dije con incomodidad
-¡Pero nena! ¿Sacás una entrada sin saber para qué?- me respondió extrañada y con desdén
-Sí, y por eso le pregunto- respondí algo irónica frente a la falta de cortesía de la persona ¿Tanto cuesta hablar bien?
-De amor… ¡De qué más iba a ser!- me respondió de mala gana y murmuró un “maleducada” por lo bajo.

Mordí mi lengua y me callé la boca, pensando que la gente esta loca. O simplemente necesitan distenderse un poco más. ¿Qué será lo que los acostumbró a vivir así de mal? No tuve tiempo para responder mi pregunta, porque la fila empezó a avanzar y me conduje hacia mi reciente y nuevo destino.
Una vez allí dentro me sentí a gusto con la oscuridad y ese olor a pochoclo tan rico. Me lamenté no haberme comprado ni pochoclos, ni nachos con queso, ni chocolates, ni siquiera una Pepsi. ¿Qué sería del cine sin nada de eso?
Me senté en la fila y asiento que indicaba mi entrada y esperé a que algo suceda. Ya iban quince minutos de una insufrible película aburridísima en lo que iba de film, la cosa más predecible y tonta que vi en mi vida. Si era Luca el que había organizado esto, tenía un renovado mal gusto para elegir cine.
De repente, alguien se sentó a mi lado y mi corazón se sintió oprimido, no podía casi respirar de los nervios, no me atreví a mirar a mi lado y entonces la figura que estaba a mi lado dijo:

-Bonita, tenía miedo de que no vinieras ¿Te imaginabas que era yo?

Mi corazón volvió a latir con total normalidad, pero mi estómago pareció despedir un ácido fétido. Lo miré y observé que me devolvía una resplandeciente sonrisa, típica de él
-¡Esteban, que carajo hacés acá!- le grité y unas cuantas personas gritaron “shhh”
-¿Cómo? Si te envié la entrada… ¿pensabas que era alguien más?- me respondió y lo vi por primera vez en mi vida con una mirada triste, se me partió el alma
-Escuchame. Sos una persona excelente, un buen compañero, te quiero y sos mi amigo. Pero nada más, la vida es así. Hay cosas peores
-C'est la vie…odio esa frase- me dijo, se levantó y se fue.

No atiné a decirle que se quedara. Sólo sería complicar más las cosas. Si el amor, hace un chico como Esteban, que siempre está contento, pierda la sonrisa, entonces no es amor. Todos deberíamos comprender eso ¿Por qué es tan difícil de verlo?

Todo había salido pésimo este día. Desde el comienzo cuando la encargada escuchó mi insulto, desde mi interrupción en la lectura y de la pésima película y declaración de amor.
Volver a casa, ahora sí era un consuelo real. Tenía ganas de meterme bajo las sábanas y no despertar nunca más. Hasta me había olvidado de ir a visitar a Cecil y Gabriel que son los únicos amigos que me quedan, me dijeron que tenían una noticia que contarme, y otra vez, yo les fallé.

Metí la llave en la cerradura, giré sin ganas la perilla y abrí la puerta. Me di vuelta frente al perchero para colgar mi campera y sin más toqué el interruptor de la luz. Al contraste de tanta oscuridad me encandiló la vista y tal sorpresa me llevé al ver a alguien sentado en mi sillón en la sala de estar que caí redonda y me desmayé…o eso me contaron

-Despertate…no quería asustarte. Ya metí la pata otra vez- me decía una voz- Llegué y no había nadie y bueno… no será un don, pero entrar a una casa sin su dueño es algo normal para mí, o por lo menos en alguna época lo fue

Aquella voz me sonaba vagamente familiar, pero el golpe en la cabeza todavía surtía efecto. Así que no fue tras un largo rato que logré despertar del todo. Cuando comprendí de quién eran los brazos que me rodeaban me solté de un tirón y me alejé de él

-Creí que te ibas a poner así, pero ya no podía aguantar un minuto más sin verte. Tres años esperando, tres años sufriendo sin poder vernos y con todo el remordimiento del mundo por lo que pasó. Ni aunque pida perdón mil veces vas a ceder. Ya lo sé…pero simplemente mi corazón, jamás lo va a entender.

Puede que su corazón no lo entienda, pensé. Pero lo que veían mis ojos era aún peor de creer. Su color de pelo, era de su tono negro original, jamás lo había visto así, tan…natural: sin percings, cadenas o nada que tenga que ver con la moda que estaba adherido. Su voz, era por lo menos dos octavas más gruesas y hablaba de un modo que me helaba la sangre. Estaba simplemente cautivador

-¿Estás bien? ¿Te duele todavía?- preguntó acercándose con la intención de acariciarme. Me alejé, en un gran esfuerzo de controlar mis impulsos
-Sirve de algo que te pregunte ¿qué estás haciendo acá? O ¿no te acordás de lo que me hiciste?
-Creo que no. Porque que todavía me querés y me extrañás. Pero es complicado. Si necesitás tiempo yo voy a estar esperando toda la vida, esperé tres años, puedo seguir esperando muchos más. Pero cada día de mi vida voy a seguir pensando en vos y algún día vamos a volver a ser lo que antes éramos- me dijo
-Quiero que te vayas. Ya es demasiado para mi por hoy
-¿Lo vas a pensar por lo menos?- me suplicó
-Todos los días de mi vida pienso en vos. Pero ahora necesito estar sola. Entendeme- le contesté mirándolo a los ojos y necesité desviar mi mirada para no caer bajo sus encantos.

Luca se acercó hasta mí y puso una mano sobre mi hombro, traté de sacarla de allí, pero él me estrechó suavemente entre sus brazos y dejé que me abrazara por unos instantes. Sentir su cuerpo contra el mío era algo que anhelaba y lo consideraba casi imposible que volviese a suceder, pero ahí estaba él, abrazándome y así lo dejé durante unos momentos. Hasta que la magia se rompió y le volví a pedir que se fuera. Y entonces sí, sin más me apretó fuerte mi mano y se marchó.