jueves, 24 de junio de 2010

VUELVE CIRO PERTUSI

2010 JAURIA SON :
VOZ Y GUIT :DEMIAN CIRO PERTUSI
GUIT Y COROS: ESTEBAN "22 " SERNIOTI
BAJO Y COROS : MAURO AMBESI
BATERIA ,PROG, Y COROS: RAY FAJARDO

viernes, 11 de junio de 2010

Bestial...se estrena más adelante :(

Según L.A. Times, CBS esta posponiendo la premier "no sólo para alejarse de Charlie St. Cloud, sino también para esperar el lanzamiento de I Am Number Foura el 18 de febrero, un thriller de ciencia ficción de DreamWorks donde actúa Alex."

Beastly se estrenará oficialmente el 18 de marzo de 2011.
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Una Noticia Horrible, hubieran dicho de entrada la fecha, así me hacía la idea. Imagínense que si allá se estrena en Marzo...acá no llega nunca más....aiiiii que bronca me dan.


domingo, 6 de junio de 2010

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 9

9.

Porque siempre estarán en mí
Esos buenos momentos
Que pasamos sin saber, que un amigo es una luz
Brillando en la oscuridad, siempre serás mi amigo
No importa nada mas

Enanitos verdes

PVO Cecil

Tres años pasaron desde aquella vez. Desde el día que Roberto Landau se fue de entre nosotros, Marianela jamás volvió a ser la misma persona; ahora con sus veinticinco años era una persona triste y solitaria.
Ella solía ir a bailar a los boliches más paquetos de la Capital Federal, ahora pasaba su tiempo libre tejiendo y destejiendo pulóveres, bufandas, medias y todo tipo de ropa de lana de invierno, y en el verano se dedicaba a la cocina o a la limpieza. Era muy triste verla. En los únicos momentos que parecía volver a brillar de vez en cuando, era en su nuevo trabajo; repartidora de pizzas.
Al morir su padre, él había quedado en banca rota y lo único que pudo dejarle a Marianela fue su casa, que la vendió y se compró la motito para trabajar, mientras que con su sueldo alquila una casa, acá en Balvanera a pocas cuadras de la casa en que ahora yo vivo, junto a Gabriel.
A la muchacha le costó adaptar su acomodado modo de vida anterior, en el barrio de La Recoleta, y saber que su querido bar está en manos de otros dueños, otras personas y vidas distintas, pero los clientes, siguen siendo los mismos.
Muchas cosas cambiaron. A lo largo de este camino nos encontramos con infinidades de desilusiones, de alegrías, de tristezas, de éxitos y fracasos.
Mi vida solía estar plasmada de desaciertos y soledad, que junto a Gabriel, logré cambiar. Cualquiera pudiese pensar que soy feliz, o que me siento completa; pero no es así. Ahora la tristeza y la soledad las veo plasmadas en mi mejor amiga, y hasta que no vuelva a ver brillar sus ojos, jamás podría terminar de sentirme completa. Es a causa de ese panteísmo que tanto creo: Si la vida lastimó a mi amiga, en parte me lastimó a mí.
Por cierto, en estos tres años, ninguno supo nada de Luca. Y Marianela, desde aquel día, tampoco lo volvió a nombrar y nadie se atreve a hacerlo, por respeto a su dolor. ¿Qué será de él?

-¿Te pasa algo?- me pregunta Gabriel rodeando mi cintura- Te siento distante hoy
-Pensaba- le dije mirando nuestro reflejo en el espejo de la habitación- ¿Diana está con Laura?
-Sí- me dice mientras deja el maletín en el piso y comienza a sacarse el saco, el reloj y todas esas molestias que lleva puestas a su trabajo- va a comer con ella, así nosotros terminamos de decorar las cosas para mañana
-Ya puse los globos, las guirnaldas, compré los vasitos y los platitos descartables ¿Falta algo más?
-No…creo que no falta nada. ¡Cinco años! Como crece mi nena, me asusta- dijo sentándose en la cama y tapándose la cara con las manos, ese gesto de cansancio que siempre realizaba al llegar del trabajo- ¡Ah!- dice descubriéndose el rostro y yo me siento a su lado- Me llamó Marianela, dice que no viene a comer, porque se siente mal, hoy.
-Me preocupa…quiero hacer algo para alegrarla, pero no se qué hacer- le digo con pesar
-Ya se nos va a ocurrir algo, dale tiempo- me dice acariciando mi rostro y mis pensamientos comienzan a perder coherencia, como siempre que hace eso. Y otra vez, sus labios se rozan con los míos primero suavemente y luego con mayor insistencia, mis manos revuelven su cabello castaño y en el momento que comienza a desprender mi camisa; suena el timbre. Me levanto rápidamente y sin mucho éxito arreglo mi pelo y mi camisa

-No atiendas, volvé. Entre el trabajo, Diana, y la vida nunca tenemos tiempo para esto y…
-¿Y si es Marianela?- le digo con cierto enojo y veo su mirada resignada

Fui a abrir y vi que tenía razón, efectivamente era Marianela
-¡Viniste!- casi grité- Extraño cuando no venís todos los días
-Ya sé que dije que no iba a venir…pero tenía ganas de verlos- me dice con ese tono de amargura y de resignación que suele usar
Ella me abrazó fuertemente y supe que si había acudido a nosotros, es porque aquel presentimiento mío, de que ella se encontraba mal últimamente era correcto “tranquila” susurré en su oído y su cuerpo tenso volvió a respirar con más normalidad y la vi sonreír por un instante. Entonces divisé que entre sus manos traía una caja, del tamaño de una caja de zapatos, pero era de un cartón duro y rojo como si fuese una caja de chocolates
-No hacía falta que traigas nada- le dije con cariño, mientras Gabriel se asomaba a saludar

-¿Voy poniendo la mesa?- preguntó
-Sí- le respondí y las dos nos sentamos. Es raro cuando a veces los roles de hoy se mezclan. Marianela es una repartidora de pizzas, trabajo que solíamos asociarlo a los hombres, Gabriel a veces pone la mesa, lava los platos y hasta va a comprar, yo sigo trabajando en la revista, aporto sustento que antes solo lo hacían los hombres y manejo y lavo el auto…me sorprenden a veces los roles que jugamos en este siglo. Cambiamos, nunca se si para bien o mal, pero sé que todo cambia de una manera increíble.
-Hace un par de meses que vengo recibiendo cosas y son contadas las personas que creo me las enviaron. Y si son ustedes, quiero que me lo digan. Por favor.
-Nosotros no te mandamos nada- le dijo Gabriel cuando traía los cubiertos- ¿Qué hay en la caja?

Marianela abrió la caja roja, que parecía de bombones, pero allí no los había. En vez de eso sacó cinco rosas rojas de las más bellas que vi en mi vida, el aroma así que me sintiese enamorada del aire, también había allí postales de color rosa y violeta. En una decía “Te amo” en la otra “Te extraño”, y cosas por estilo. Había un anillo, que a mi parecer parecía de oro y lo más sorprendente de todo fue que de aquella caja, Marianela sacó un abanico de dólares

-Todos los meses recibo una rosa, una postal, cien dólares y este mes; un anillo de oro. Esto es una locura
-¿Te parece una locura que una pelirroja de ojos verdes tenga un admirador?- le preguntó Gabriel- Después de mi mamá, de Diana y Cecil sos la mujer más linda que conozco

Yo me reí, la ternura con que Gabriel solía tratar a todos, cuando quería, hacía que lo ame más. Creo que es su mejor cualidad, sabe apreciar lo bueno que hay en la gente, supongo que es lo suficientemente observador para ser así…es como si pudiese mirar el alma de las personas, como si además de ser doctor en cuestiones físicas, también supiese arreglar mejor que nadie el espíritu de alguien que no ve, lo bueno y maravilloso que hay en cada uno. O tal vez…esté tan enamorada de él, que exagero su forma de ser. No importa.

-Es verdad- coincidí- pero hay que admitir que es raro ¿Por qué no te da los regalos personalmente?
-Puede ser tímido- argumentó mi novio
-O…puede estar vivir lejos- aventuré con algo de miedo a la reacción de Marianela, los tres nos quedamos en silencio sin decir palabra por largo rato, hasta que Gabriel se levantó a traer los platos con los fideos y la salsa blanca

-Puede ser que viva lejos. Yo pensé lo mismo. Es más creo que puede ser…- pero no terminó la idea y se atragantó con un fideo “tirabuzón”, di la vuelta alrededor de la mesa y golpee se espalda para que hiciese provechito y desde el otro extremo, Gabriel que miraba penetrante con los brazos cruzados sobre la mesa dijo:

-¿Crees que es Luca no?
-Sí- dijo Marianela y sucumbió en un sollozo ruidoso e histérico, hacía mucho que no expresaba muchas emociones y esta vez, parecía ser la gotita que rebalsó el vaso. La abracé y Gabriel se fue a buscar pañuelitos para que secase sus lágrimas- Lo extraño, lo extraño horrores. Cierro los ojos y pienso en él, pienso que mi papá me dijo que lo perdonase, que fue la avaricia la causa de su muerte, pero yo no puedo olvidar, no puedo, no puedo
-Quedate, tranquila. Vamos a averiguar si es él. Yo creo que no hay persona en el mundo más arrepentida que Luca, y puede ser que esa plata te la mande como símbolo de que quiere devolverte todo, pero no te preocupes, tampoco te ilusiones en vano- le dije y Gabriel asintió con la cabeza
-Si por lo menos hubiese tenido más tiempo de hablar con mi papá, y preguntarle que hacer. Estoy tan perdida…no quiero hacer nada en la vida ¿Para qué estudiar, o tener un trabajo, o una casa? Si yo no tengo a mi familia…mi mamá primero, después mi papá y además Luca…
-Nos tenés a nosotros, acá vamos a estar siempre- le dijo Gabriel

El timbre sonó nuevamente

-Yo abro- pidió Gabi y al cabo de unos largos minutos volvió con la cara pálida y sin saber bien que decir- ¿Cecil podés venir un segundo no más?
-Sí…- dije con desconfianza por el tono de voz

En la sala de estar un joven con el pelo, que anteriormente era un rubio tenido, ahora era de su negro original, ya sin sus pircings. Sus anteriores ropas que solían ser deportivas y anchas, ahora iba vestido con unos Levi’s nuevos y una linda camisa. Ya no llevaba sus lentes de contacto celestes, sino que vislumbraba sus preciosos ojos avellanas. El cambio era drástico, si antes parecía apenas un adolescente ahora Luca con veintidós años, era todo un hombre.

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 8

8.

Estás buscando un viejo camisón
estás buscando alguna religión
estás buscando un símbolo de paz.
Estás buscando un incienso ya
estás buscando un sueño en el placard.

Charly García

-Quiero ir al baño- pidió Diana tirando de la ropa de su padre con insistencia- por favor- concluyó al ver su mirada de desaprobación. Pero no era por los modales, por lo que Gabriel se preocupaba en ese momento.
-¿Al baño? Hasta la puerta te puedo acompañar, pero no puedo entrar…- respondió sonriéndole a la niña

Diana se acercó hasta su lado y le pidió con un gesto que se agachase. Al oído le susurró
-Pero necesito que me ayuden, no se ir sola

Gabriel miró impaciente a sus amigos. Luca no sacaba la vista del piso. Marianela no dejaba de mirarlo con reproche en sus ojos y, para su sorpresa, Cecil miraba hacia su dirección en el momento en que sus miradas se encontraron. Sin poder evitar darse por aludida de aquellos profundos ojos verdes, la muchacha, se dirigió hacia él y la pequeña.
-¿Qué les pasa que tienen esa cara de…?
-Esa cara fea- se atajó a decir Gabriel cuidando de que la niña no escuchase malas palabras
-Iba a decir “esa cara de mal humor”…será que te tomaste el papel de papá un poco veloz ¿no?
-No quiero pelear ahora. Quería pedirte un favor- explicó tratando de sonar suave y comprender lo turbada que Cecil se debía encontrar luego de la llegada de Laura
-Decime- dijo con una sonrisa al ver que Gabriel volvía a usar su tono sosegado y cordial de siempre
-Diana quiere ir al baño y yo…bueno. Necesita a una chica- le dijo incómodo
-Haberlo dicho antes- rió- Vamos, bonita. Que sino las vejigas se descargan solas y no es agradable-

Cecil se alejaba con Diana sostenida de una mano hacia los sanitarios. Gabriel miró a los desentendidos Luca y Marianela, y decidió seguirlas. Una vez desaparecidos los tres, Marianela explotó:

-¡No te da vergüenza venir! ¡Tan descarado de aparecerte así!- le habló en un tono bajo pero cargado de ira, para que no se escuchara en la habitación de su padre. Y antes que el chico la interrumpiese prosiguió- ¡Sos el culpable de que esté en este lugar! Puedo no denunciarte en la policía, pero no te aparezcas en mi vista nunca más. Ya te lo dije ¿No te lo dije?- preguntó con cierta vehemencia, en parte del odio que sentía, en parte por las horas de sueño que le faltaban
-Perdón. Voy a reparar lo que hice y vas a volver a amarme como antes. Es cuestión de tiempo…es que quería estar a tu lado en un momento malo como este. Es lo que la gente que se ama hace ¿no?- replicó mientras comenzaba a alejarse con la frente en alto y a mitad del pasillo volvió a darse vuelta para repetir un débil “Perdón” y volver a esconder su mirada tras la gorra.

Luca descendió escaleras abajo y se aventuró a la oscura calle bajo las estrellas que brillaban en la noche. Una brisa recorrió su cuerpo hasta estremecerlo. Las ideas se arremolinaban en su mente de manera que le era casi imposible pensar. Él sabía una cosa; quería demasiado a aquella chica a la cual había herido sin conocer y ahora no encontraba el modo de recuperarla…pero él sabía que lo haría, no importaba cuando, ni como, recuperaría lo que perdió. Primero debía esperar que pase la tormenta ¿Y mientras tanto como esperaría?
Bien sabía que en su barrio y en su entorno, trabajo no podía conseguir. Este era uno de esos momentos en que realmente Luca se odiaba por no haber terminado la escuela. Sin el maldito título del secundario no podía ni siquiera ordenar latas en un supermercado. ¡Periodista deportivo! Hacía dos horas Cecil lo había convencido de que podría ser eso…y le llegaba la hora de caer a la realidad, a la desolación y su verdad.
Llegó cansado a su humilde casa y fue recibido con un tibio abrazo de su madre y algunos de sus tantos hermanos.
-Lo único que puede alegrarme el día…es que la bestia que tenés como novio, no esté acá- le dijo Luca en un tono, hasta podría decirse, cariñoso y sincero
-Te dije que tiene nombre- lo regañó pero sin mucho enfado
-Las cosas nunca cambian vieja, los tipos te tratan mal y vos los seguís apañando- le recriminó el hijo
-Porque vos fuiste muy bueno con la colorada ¿no? Empecemos por casa antes de saltar así

La cara del muchacho pasó de trigueña a púrpura:
-Mamá, yo nunca le pegaría. Y si supiese que me iría a enamorar de la hija de un empresario con tanta plata de sobra…la usaría para un bien común, no para un par de “amigos” que se fueron a Brasil. Es más, después de esto, no pretendo estafar a nadie más en la vida. Porque entendí que esas personas podrían ser mi madre o un hermano o una novia. Yo aprendí, pero vos…
-A mi no me pega Rafael, porque yo tengo carácter – se defendió incomodada. Entonces su hijo le retuvo el brazo de manera delicada y, con toda la tristeza del mundo en sus ojos, dejó al descubierto las marcas de su madre
-Te lo dije una y mil veces mamá. O me voy yo, o se va él y hago la denuncia
-No hijito…Rafa se va a enojar
-Quedate tranquila, si se enoja mis amigos de la seccional tienen muchas alternativas. Si las conoceré yo

Su madre siguió sosteniendo débiles argumentos, pero no pudieron calmar la bronca que Luca llevaba adentro suyo. Terminó por armar un bolso y con todos los ahorros de ese año, que no eran la gran cosa, logró sacarse un boleto de micro y dirigirse a Córdoba, dónde unos familiares le prometieron ayudarlo. Dijeron que tenían trabajo para él…y que su forma de vivir iba a cambiar radicalmente, que si allí iba, trabajo y pan no le faltaría. Pero que el trabajo del campo…no se parecía en nada al de la ciudad. Y por supuesto; no faltaba el primo “Tito” que lo iría a recibir en la estación de ómnibus.

Era la hora de visita y Cecil se había llevado a la pequeña a dar una vuelta por la plaza y comprarle un helado; ya que el hospital no era un lugar agradable para una niña.
Dentro de la habitación Marianela y Gabriel miraban sin mirar a la pequeña televisión que allí se encontraba. Cada uno se encontraba profundamente consternado por el señor Landau. Siempre había sido un hombre fuerte y cordial, siempre con una sonrisa en sus labios; y ahora su única debilidad lo había llevado al borde de la muerte. Tan importante era el dinero en su vida, que no podía imaginarse una vida sin privilegios, un alto precio se encontraba pagando.
Marianela comenzaba a angustiarse nuevamente y unas gruesas lágrimas salían de sus ojos, cuando miraba a su padre y veía el respirador artificial conectado a su cuerpo

-Mari- le dijo Gabriel acercándose a su lado y acariciándole los hombros en símbolo de fuerza-. Va a estar todo bien
-¿Y sino está todo bien? ¿Qué voy a hacer yo sin él? Primero mi mamá y ahora mi papá… ¿Por qué a mi?- preguntó tendiéndose en los brazos de su amigo
-Tus amigos estamos con vos, tranquila
-¡Sí! Amigos como Luca ¿no?
-¿Qué pasa con Luca?- se extrañó
-Preguntale después a Cecil…yo ya no quiero hablar más de él

-Hija- dijo débilmente el señor Landau, cuando comenzaba a despertarse y a hacer gestos para que se acercara. Gabriel se corrió a un lado y dejó que la chica pudiese abrazarlo
-Papá no hables…te va a hacer mal- dijo extendiéndole un lápiz y un papel que había reservado pensando que para cuando se levantase iba a querer hablar y él no podía hacerlo. Roberto sonrió ante la ocurrencia de su hija y en el papel de manera rotunda y contundente le expresó

“Perdón. Aprendé de mi, hija. Y no te preocupes por problemas que tengan solución. Ya sé que fue ese muchacho el que me estafó, no soy ningún imbécil, aunque parezca un viejo inútil a veces. No lo martirices…si yo fuese él, hubiera echo lo mismo con algún millonario que desperdicia su tiempo y dinero, en hacer sólo más dinero…ni que pudiese llevármelo a la tumba”

-Si sabías que era él ¿Por qué no dijiste nada?- preguntó su hija secándose las lágrimas con la carta en la mano aún
-Porque…tenía esperanza de haberlo juzgado mal
-¡Te dije que no podías hablar papi!

En ese momento Roberto Landau, agarró su corazón con una mano y con un ademán pedía ayuda. Gabriel corrió hacia él y despejó la zona de utencillos y demás
-Llamá a la doctora, rápido Mari- le indicó Gabriel

El tiempo le pareció transcurrir más lento de lo normal a Marianela, la doctora llegó y junto a Gabriel intentaron reanimar al paciente que se había desestabilizado, pero el corazón de su padre no parecía reaccionar a los intentos de los dos médicos. Los enfermeros iban y venían trayendo cosas y ella creía estar sumida en otra realidad que no era la suya, como si estuviese viendo la escena de una película, en un final culminante y tenso. Hasta que se dio cuenta que Gabriel intentaba decirle algo con insistencia
-Va a haber que intervenirlo…vamos al quirófano. Esperanos ahí ¿Me escuchás Mari?
-Si…vamos- dijo débilmente

Fue una hora interminable la que la muchacha estuvo esperando en la puerta del quirófano, sola y sin un augurio, sin saber que ocurría allí dentro. Ni la voz, ni la expresión de Gabriel supieron tranquilizarla. Porque cuando se llevó a su padre, él se encontraba particularmente nervioso
Con los ojos rojos, inyectados en sangre, y la mirada desorbitada salió Gabriel del quirófano y se encontró cara a cara con Marianela, él extendió una mano hacia su hombro y se sacó el barbijo que llevaba puesto

-Gabriel… ¡Decime cómo está!

Él solo negó con la cabeza y llorando le dijo;

-Sufrió una Isquemia…hicimos todo lo que pudimos, pero lo perdimos

Marianela se tapó incrédula la cara con las manos y en un llanto desgarrador sus rodillas se doblaron y cayó al suelo. Estaba agazapada en el piso cuando Gabriel se arrodillaba para envolverla entre sus brazos y consolarla. Pero nada podía calmar el dolor de la muchacha, un inmenso vació se extendía por toda su alma y el dolor avasallaba cada centímetro de su cuerpo. No podía dar crédito a la realidad y no quería aceptar la verdad, pero allí se encontraba. Huérfana. Sin una madre y ahora…sin un padre.