domingo, 25 de julio de 2010

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 11

Para Naty :D

11. Iemanja

Guerra santa, revolución,
Pose humilde, Superación,
Vida al límite, proliferar…
Madre natura, único Dios…
Aire, agua, sol y nada más existe…
Nada más existe, nada de eso
Attaque 77

-¿A dónde vamos?- preguntó Diana al observar como Marianela y Cecil estaban preparando sándwiches de jamón, queso y mucha mayonesa, mientras los colocaban en una hermética bandeja.
-Ya te dije peque, no sabemos- contestó Cecil- Gabriel nos prometió llevarnos a pasear por ahí
-¿A los cuatro?- inquirió la pequeña
-Sí
-¿Y por qué hay cinco vasos en la canasta? ¿Y cinco platos?- indagó una vez más
-Por si se mancha alguno…y deja de preguntar- respondió sin mucha convicción
-¿Las ayudo?- continuó preguntando a pesar de la advertencia
-Sí- respondió Marianela esta vez- elegí que galletitas querés comer ahora así guardamos el resto para llevar
-Se extrañaba esta Marianela que vemos hoy- susurró Cecil con una sonrisa compinche- espero que sigas así

Se escuchó el timbre y Diana salió corriendo a abrir la puerta a su padre, se escuchaban las risas desde afuera y más de una voz. Cecil dejó de preparar las cosas y también lo fue a recibir;

-Hoy es un día de sol espléndido…no veo la hora de salir afuera- les dijo en el umbral de la puerta
-Espero que ella también piense así- le contestó Luca con una sonrisa a su amiga.

Él vino acompañado de Gabriel, por supuesto que estaba todo planeado y que todos lo sabían excepto Marianela. Y así caminaron hasta el comedor los cuatro; Cecil del brazo de Gabriel, a su vez él tomado de la mano de Diana y Luca arrastraba sus pies unos pasos más atrás. En el comedor Marianela se sorprendió de la llegada del invitado, pero aguardo silencio y no pudo esconder su mira de incredulidad

-He luchado en vano. Ya no quiero hacerlo. Me resulta imposible contener mis sentimientos. Permítame usted que le manifieste cuán ardientemente la admiro y la amo- recitó Luca de memoria

La expresión de la chica pasó a una total incertidumbre con verdaderas lágrimas en los ojos frente a aquellas palabras, pero exprimió rápidamente su cerebro hasta encontrar el origen de esas letras que le resultaban familiares y con congoja miró a Cecil, de quien juzgó responsable

-¿Piensan que voy a cambiar de opinión porque la sabelotodo lo instruye al ignorante en un párrafo de vieja literatura?
-Se dice: Un clásico; no vieja literatura- corroboró Gabriel y ahogo sus siguientes palabras ante la mirada mordaz de su amiga pelirroja
-Además siempre odié a ese Mr. Darcy…es tan…tan…Orgulloso
-Casualmente- puntualizó Luca- es orgulloso, pero la ama. Como yo a vos. Y como la señorita Bennet en el fondo lo ama a él…sé que vos me amas a mí
-No estoy para trabalenguas y me cansé de esto. Carguen los sándwiches y vámonos de una buena vez a pasear “por ahí”- concluyó cargando una canasta y dirigiéndose para la calle a colocarla dentro del auto

-¿Qué fue eso?- preguntó Cecil al cabo de que su amiga se haya marchado- No te echó a patadas…simplemente está dejando expreso que si te callas un rato podes compartir este viajes con nosotros
-Por las dudas no aleguemos conjeturas erróneas- expresó Gabriel- dejemos a la vida actuar por sí sola
-Bien dicho- convino Luca- Es un poco extraño compartir un día entero con ustedes después de tantos años…ya tienen una hija
-Pero mi mamá es Laura, no Cecil- comentó la pequeña
-Bueno- dijo incómodo el doctor- .Ya vamos a tener tiempo de explicar esos detallecitos
-Pa, quiero ir con mamá
-¿Por qué?
-Por qué soy caprichosa. ¡Qué preguntas tontas las tuyas!

Y entonces Gabriel fue a llevar a la niña con su madre. Al regresar terminaron de empacar todo y sin más miramientos emprendieron su camino, se dirigieron al sur y tomaron la ruta dos. Claramente no hay muchas opciones yendo por ese camino, seguramente el inconciente de Gabriel seguía anhelando un nuevo aire, pero un viaje a la costa no es algo que se realice en un solo día ¿Cómo es que su cabeza procesaba volver al otro día al trabajo en cuánto cada vez se alejaba kilómetro y kilómetro?

-Amigo… ¿no te estás yendo un poco al carajo?- preguntó Luca a su lado deduciendo el rumbo que estaban tomando. En el asiento trasero Cecil y Marianela charlaban animadamente, tanto que no repararon en cuánto se alejaban cada vez más de la ciudad

-Pero yo no quiero un gran festejo para el casamiento- decía Cecil- no se puede estar dilapidando mientras otros no tienen un techo, algo para comer o abrigo…
-Cecil, cualquiera que tuviese la posibilidad de celebrar algo a lo grande lo haría. Es solo una vez en la vida
-No, yo quiero hacer otra cosa con mis ahorros. Es una idea grande y jamás se la conté a nadie- replicó
-Larga lo que tengas ya- apuntó la otra
-Bueno, mi sueño es llevar a cabo una biblioteca…pero no una cualquiera. Quiero tener la más completa en cuánto a filosofía y literatura. Que sea gratuito y para todas las edades, quiero que haya charlas además para que los jóvenes comprendan realmente el mundo y sepan conquistarlo, para que los adultos no declinen en sus sueños y que sigan luchando por el bienestar y para que la gente mayor sepa mirar atrás y enseñar a los demás que les dejó la vida, así trasmitírselo a los menores y de alguna manera…no sería cambiar el mundo, pero sí cambiaríamos el mundo para muchos
-¿Creés que una biblioteca puede hacer la diferencia? ¿No te parece un poco ambicioso todo eso? – le respondió contrariada su amiga
-Cuando se trata de algo bueno la ambición, no es un problema
-¿Y el capital para todo eso? ¿Te pusiste a pensar?
-Por supuesto, y ese es el mayor problema. Ni siquiera aunque consiguiese el dinero para comprar los libros y un lugar grande y céntrico…no se ve sustentable, es muy difícil mantener un lugar así
-Si algún día lo podés hacer, yo te voy a ayudar. Porque vos siempre estuviste para mi cuando lo necesité- la consoló dulcemente

-¡Estamos llegando a Mar del Plata!- anunció un Luca Jovial
-¡¿Qué?!- preguntó Marianela- ¡Tantas horas pasaron! Yo mañana tengo que trabajar…
-Todos trabajamos mañana- apoyó Cecil preocupada
-Shh- les retó Gabriel-. Quieren olvidarse por hoy del mundo y vivir…hay que vivir no solo existir y ser un títere. Mañana será otro día y tendremos muchas excusas que inventar pero dejémonos de joder las pelotas y disfrutemos de todo esto
-Entonces… ¿Qué esperamos?- preguntó Cecil animadamente- ¡Vamos a la orilla del mar!
-A nosotros solos se nos ocurre venir al mar en invierno- dijo Marianela riendo
-No hay tanta gente molesta, ni nenes ensuciando el mar con sus desechos mientras sus padres duermen la siesta y no los vigilan- argumentó Luca y cruzó una mirada divertida con ella, era su primera conversación sobre un tema ajeno y superficial en mucho tiempo
-Estás diciendo que de chico meabas el mar y tus papás no te prestaban atención- objetó la muchacha. Todos rieron en son de paz
-No…a mis viejos no les alcanzaba la guita para venir hasta acá
-Entonces vas a conocer el mar ahora- respondió Gabriel con una sonrisa
-Les debo mucho a ustedes tres. Lástima que jamás pueda hacer nada para enmendar mis cagadas

El aire se volvió un poco tenso, pero no opacó la alegría de los cuatro. Dejaron cerca el auto y abrigándose lo más posible se dirigieron a las grandes piedras de la playa La Perla

Lentamente la noche comenzaba a caer, oscureciéndolo todo, pero a su vez a luna con su tenue luz reflejaba cualquier imperfección, el aire salado se pegaba en la lengua de todos con un sabor placentero a paz, el agua se agitaba golpeando las rocas y empapando un poco sus pies.
Cecil y Gabriel se sentaron en una de las tantas rocas de a lo largo y abrazados contemplaron con respeto y disfrute la belleza imponente que tenían delante, no necesitaban de ninguna frívola palabra que decir, solo se miraron el uno al otro y sonrieron.

Marianela sin la compañía exhaustiva de Cecil y Gabriel se sentía desprotegida y sola, por eso caminó hasta la punta y le recorrió un escalofrío al ver que iba vestida con una camisola blanca, no pudo evitar acordarse de Alfonsina Storni y recordó que fue allí mismo donde ella comenzó a adentrarse en el mar…”Sabe dios que angustia te acompañó. Que dolores viejos calló tu voz” resonó la canción en su interior.
Como ella esperaba sintió la presencia de Luca detrás suyo y su mano que se apoyaba sobre su hombro

-No va a pasar un día sin que te pida perdón y te diga lo mucho que me apena lo que pasó- susurró a su oído
-Y no va a pasar un día sin que te recuerde que mi papá está muerto, Luca- le dijo con tristeza, pero sin rodeos, ni siquiera odio en su voz, sólo la cruda verdad
-Me arrepiento, pero no hay nada que pueda hacer…y lo recuerdo cada día. Eso te lo puedo asegurar. Lo que puedo hacer es seguir trabajando de sol a sol para devolverte el bar…y de alguna manera devolverle a Roberto Landau la paz, haciendo feliz a su hija. Se que él quisiera verte feliz y se que conmigo sos muy feliz
-No es así de fácil- le respondió exasperada.

El la rodeó y se puso enfrente de ella mirándola fijo y sosteniéndola con fuerza entre sus brazos;
-Decime si esto no te hace feliz un instante…yo te juro no aparecer más por el resto de tu vida- le amenazó con una dulce sonrisa, pero ella tapó su boca con una mano
-Y te vas hacia allá como en sueños, Dormida, alfonsina, vestida de mar...- canturreó Marianela- ¿Sabías que ella se suicidó por no soportar más su dolor?
-Y eso quiero, terminar con tu dolor. Sé feliz conmigo de una vez

Marianela se sentía débil y desprotegida, sin saber bien a que recurrir: ¿hacerle caso a la razón o al sentimiento?
Simplemente lloró toda su angustia y se tendió a los brazos de quien la sostenía a su lado. Y Así permaneció largo rato desahogando su dolor sobre el hombro de su amigo, su amor, su esperanza…

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