domingo, 25 de julio de 2010

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 10

Capítulo 10

PVO Marianela

Un Beso y Una Flor

De día viviré pensando en tu sonrisa
De noche las estrellas me acompañaran
Serás como una luz que alumbra en mi destino
Me voy pero te juro que mañana volveré
Nino Bravo

“Un día más” me dije al despertarme. No se si aquello me animó, pero logré sentarme en el borde de la cama. Largué un profundo suspiro y me levanté hasta la ventana. Era increíble que a pesar de la oscuridad que puede haber en el interior de una persona, el sol siguiese saliendo con todo su resplandor, su luz parecía una broma a mi alma.
Me calcé unos vaqueros desgastados, una remera holgada y unas viejas Topper en mis pies, de aquella época en la que en el secundario usábamos las mismas zapatillas que los “Rollingas”.
Tal vez, fuese porque quisiera con ansias regresar a aquella época, donde mi vida era sinónima de felicidad y sobre todo de normalidad.
Era mucho más estúpida, ingenua y hasta crédula y sumisa, pero preferiría de ser así. Preferiría seguir en aquella burbuja que había creado mi padre para mí, a tener que enfrentarme con realidades, que pensaba, ocurrían solo fuera del hogar, sólo en la televisión. Y ahí estaba mi papá muerto de una de las maneras más crueles y vulgares que puedan existir; un infarto, provocado en parte por mi novio…ex novio.

¿Y su nota al morir? No lo martirices…si yo fuese él, hubiera echo lo mismo con algún millonario que desperdicia su tiempo y dinero, en hacer sólo más dinero.
Esa nota resonaba en mi mente día tras día ¿Qué parte de razón tenían aquellas palabras? Era difícil de comprender todo lo que pasa por mi cabeza, demasiado tiempo sola entre cuatro paredes.

¡Repartidora de pizzas! Jamás creí que sería esto en mi vida. Me imaginaba diseñadora de modas, estilista o hasta modelo. Nada de eso se compara con el viento que entra a través del casco de la moto en los días frescos “Encontrá tu vocación” me había dicho Cecil…me costó mucho tiempo comprender que una vocación, no era algo relacionado con nada más que yo misma. Quiero decir, yo quería ser diseñadora, modelo o estilista para ser reconocida, ganar dinero seguro y para saber utilizar el don que Dios me dio; la belleza. Con sus alocados pensamientos, como yo los llamo, me hizo entender que todo aquello de reconocimiento, belleza y dinero era algo inventado y desarrollado a través de muchos, muchos siglos, que sólo se puede dar porque la gente cree…yo simplemente quería ser algo de eso porque está en el inconciente colectivo, pero me olvidaba de que es lo que realmente, con una mano en el corazón me daba satisfacción, y le dije a Cecil “Sentir el aire, dar y recibir” y entonces Cecil me respondió “Eso fue muy profundo, pero difícil de que los humanos practiquen eso” Y lo más parecido que encontré hasta el momento es repartir pizzas; siento el aire, doy un servicio y a cambio tengo lo esencial para vivir, a veces. Pero, además me dijo que nunca deje de buscar, porque todavía no estoy cien por ciento conforme con esto…tal vez es algo más espiritual que laboral, pero pretendo buscar y buscar hasta encontrar lo que realmente ame.

Me puse mi campera favorita, para abrigarme bien en este frío invierno, tomé las llaves, el casco y salí a la calle con el sol que rebosaba de brillo. Estas son las lindas mañanas en los agostos de Buenos Aires: secas, frías y algunas veces soleadas

-Colorada, andá a la Av. Libertador al 1435…una casa de rejas verdes- me dice Esteban, el encargado de los pedidos, un chico simpático que siempre está de buen humor…precisamente a veces esa simpatía me irrita, parece que está fingiendo y siempre sonríe. “Pero es un buen chico” diría papá- y apurate bonita, que no se entregan solas las pizzas
-Ya va, ya va. Esperá que me pongo el uniforme que sino la inchapelota de la encargada se enoja
-Perdón señorita- me dice una voz ronca en mi espalda y el estómago se me reduce a una estrecha pelotita de tenis; la encargada escuchó mi comentario
-Lorena…paz y amor, Mari habla en joda. Tenés que admitir que a veces sos demasiado estricta…vendemos pizza, no diamantes- me salva Esteban con una de sus mejores sonrisas
-Gracias- le susurro entre dientes al pasar rápido a su lado con mi pulcro uniforme puesto y lista para salir a la calle

A las ocho de la noche terminó mi turno como todos los días, y a diferencia de la mayoría de la gente que espera con ansias que termine el día para volver a su casa calentita y feliz, con sus esposas y sus hijos, sus obligaciones y problemas que ocupan su día.

Yo simplemente termino el día cuando bajo de mi moto, porque casi no me dan ganas de prepararme nada para comer. Parece ridículo, pero al estar solo, preparar una cena, poner un plato y luego limpiarlo se vuelve extremadamente solitario y parece innecesario. Mis energías alcanzan para preparar un té, leer un libro e ir a dormir. Sí, leer un libro, Cecil despertó en mi esa pasión…depende el gusto de cada uno y probé infinidad de géneros, pero ninguno me entretenía.
Pensé que por mi personalidad lo más obvio sería una novela de amor, alguna historia sobre pasiones, pero nada me entretenía realmente y cuando estaba por declinar y dejarme seducir por la acostumbrada televisión encontré algo que me gustara: La ciencia ficción, yo la creía ridícula de más joven, pero ahora me encanta y mi tiempo libre lo dejo fluir entre sus páginas, la máquina del tiempo es mi favorito… ¡Y yo que pensaba que Marty McFly había sido el primero en viajar en el tiempo!

Así que preparé mi té, lo endulcé bastante y justo, cuando me disponía a sentarme en el sillón más confortable y cómodo del departamento; sonó el timbre
Me levanté rezongando y abrí rápidamente la puerta con la intención de acabar rápido con algún vendedor o religioso que intentara comprarme, pero en la puerta no había nadie. Sonreí al pensar que algunos chicos aún juegan al Ring Raje y no que estén a los diez años probando su primer cigarrillo, pero al bajar mi vista, vi un sobre lo levanté del suelo y creí que era otro anillo, porque en aquel pequeño sobre no cabía ni una rosa, ni ninguna otra cosa ya recibida.
Entonces lo abrí, con una emoción renovada y descubrí en el una pequeña entrada de cine. Eso no lo esperaba.

Por fuera del sobre estaba escrita con letras impresas la dirección del cine, y la entrada con horario de nueve treinta horas.
Faltaban treinta minutos así, que sin pensarlo, me cambié en quince, me pinté en cinco y en diez minutos ya estaba haciendo la cola para entrar a la sala.

Era extraño, porque si yo no quería ver a Luca… ¿Por qué aceptaba su invitación?

Quizás el motivo era que nada emocionante había pasado en mi vida durante tres largos años y un poco de emoción no me vendría nada mal. Pero tenía que admitir que mi corazón latía con una increíble intensidad, una mezcla de júbilo y miedo recorría cada una de mis venas. Y entonces me di cuenta que ni siquiera me había fijado en la película correspondiente a la entrada.
Leí el título y no lo conocía, ni siquiera sabía de qué trataba. Esperaba encontrar algún indicio de él, una película que él iría a ver sería de acción, o de terror. Así que sin poder contenerme pregunté a una señora bajita, de pelo negro y lacio que estaba adelante mío en la fila

-Disculpe… ¿De que trata la película?- le dije con incomodidad
-¡Pero nena! ¿Sacás una entrada sin saber para qué?- me respondió extrañada y con desdén
-Sí, y por eso le pregunto- respondí algo irónica frente a la falta de cortesía de la persona ¿Tanto cuesta hablar bien?
-De amor… ¡De qué más iba a ser!- me respondió de mala gana y murmuró un “maleducada” por lo bajo.

Mordí mi lengua y me callé la boca, pensando que la gente esta loca. O simplemente necesitan distenderse un poco más. ¿Qué será lo que los acostumbró a vivir así de mal? No tuve tiempo para responder mi pregunta, porque la fila empezó a avanzar y me conduje hacia mi reciente y nuevo destino.
Una vez allí dentro me sentí a gusto con la oscuridad y ese olor a pochoclo tan rico. Me lamenté no haberme comprado ni pochoclos, ni nachos con queso, ni chocolates, ni siquiera una Pepsi. ¿Qué sería del cine sin nada de eso?
Me senté en la fila y asiento que indicaba mi entrada y esperé a que algo suceda. Ya iban quince minutos de una insufrible película aburridísima en lo que iba de film, la cosa más predecible y tonta que vi en mi vida. Si era Luca el que había organizado esto, tenía un renovado mal gusto para elegir cine.
De repente, alguien se sentó a mi lado y mi corazón se sintió oprimido, no podía casi respirar de los nervios, no me atreví a mirar a mi lado y entonces la figura que estaba a mi lado dijo:

-Bonita, tenía miedo de que no vinieras ¿Te imaginabas que era yo?

Mi corazón volvió a latir con total normalidad, pero mi estómago pareció despedir un ácido fétido. Lo miré y observé que me devolvía una resplandeciente sonrisa, típica de él
-¡Esteban, que carajo hacés acá!- le grité y unas cuantas personas gritaron “shhh”
-¿Cómo? Si te envié la entrada… ¿pensabas que era alguien más?- me respondió y lo vi por primera vez en mi vida con una mirada triste, se me partió el alma
-Escuchame. Sos una persona excelente, un buen compañero, te quiero y sos mi amigo. Pero nada más, la vida es así. Hay cosas peores
-C'est la vie…odio esa frase- me dijo, se levantó y se fue.

No atiné a decirle que se quedara. Sólo sería complicar más las cosas. Si el amor, hace un chico como Esteban, que siempre está contento, pierda la sonrisa, entonces no es amor. Todos deberíamos comprender eso ¿Por qué es tan difícil de verlo?

Todo había salido pésimo este día. Desde el comienzo cuando la encargada escuchó mi insulto, desde mi interrupción en la lectura y de la pésima película y declaración de amor.
Volver a casa, ahora sí era un consuelo real. Tenía ganas de meterme bajo las sábanas y no despertar nunca más. Hasta me había olvidado de ir a visitar a Cecil y Gabriel que son los únicos amigos que me quedan, me dijeron que tenían una noticia que contarme, y otra vez, yo les fallé.

Metí la llave en la cerradura, giré sin ganas la perilla y abrí la puerta. Me di vuelta frente al perchero para colgar mi campera y sin más toqué el interruptor de la luz. Al contraste de tanta oscuridad me encandiló la vista y tal sorpresa me llevé al ver a alguien sentado en mi sillón en la sala de estar que caí redonda y me desmayé…o eso me contaron

-Despertate…no quería asustarte. Ya metí la pata otra vez- me decía una voz- Llegué y no había nadie y bueno… no será un don, pero entrar a una casa sin su dueño es algo normal para mí, o por lo menos en alguna época lo fue

Aquella voz me sonaba vagamente familiar, pero el golpe en la cabeza todavía surtía efecto. Así que no fue tras un largo rato que logré despertar del todo. Cuando comprendí de quién eran los brazos que me rodeaban me solté de un tirón y me alejé de él

-Creí que te ibas a poner así, pero ya no podía aguantar un minuto más sin verte. Tres años esperando, tres años sufriendo sin poder vernos y con todo el remordimiento del mundo por lo que pasó. Ni aunque pida perdón mil veces vas a ceder. Ya lo sé…pero simplemente mi corazón, jamás lo va a entender.

Puede que su corazón no lo entienda, pensé. Pero lo que veían mis ojos era aún peor de creer. Su color de pelo, era de su tono negro original, jamás lo había visto así, tan…natural: sin percings, cadenas o nada que tenga que ver con la moda que estaba adherido. Su voz, era por lo menos dos octavas más gruesas y hablaba de un modo que me helaba la sangre. Estaba simplemente cautivador

-¿Estás bien? ¿Te duele todavía?- preguntó acercándose con la intención de acariciarme. Me alejé, en un gran esfuerzo de controlar mis impulsos
-Sirve de algo que te pregunte ¿qué estás haciendo acá? O ¿no te acordás de lo que me hiciste?
-Creo que no. Porque que todavía me querés y me extrañás. Pero es complicado. Si necesitás tiempo yo voy a estar esperando toda la vida, esperé tres años, puedo seguir esperando muchos más. Pero cada día de mi vida voy a seguir pensando en vos y algún día vamos a volver a ser lo que antes éramos- me dijo
-Quiero que te vayas. Ya es demasiado para mi por hoy
-¿Lo vas a pensar por lo menos?- me suplicó
-Todos los días de mi vida pienso en vos. Pero ahora necesito estar sola. Entendeme- le contesté mirándolo a los ojos y necesité desviar mi mirada para no caer bajo sus encantos.

Luca se acercó hasta mí y puso una mano sobre mi hombro, traté de sacarla de allí, pero él me estrechó suavemente entre sus brazos y dejé que me abrazara por unos instantes. Sentir su cuerpo contra el mío era algo que anhelaba y lo consideraba casi imposible que volviese a suceder, pero ahí estaba él, abrazándome y así lo dejé durante unos momentos. Hasta que la magia se rompió y le volví a pedir que se fuera. Y entonces sí, sin más me apretó fuerte mi mano y se marchó.

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