sábado, 22 de mayo de 2010

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 7

7.


Cuando el doctor dijo señor
Lo felicito es un varón
Como poder explicarlo ¿como?, como poder explicártelo
El amor de un padre a un hijo
No se puede comparar
Mucho más que todo no si vos sabes


Vicentico


Gabriel miraba embelesado a su pequeña hija e increíblemente veía un gran parecido entre ellos; no obstante madre e hija no parecían muy emocionadas.

-Explicame- comenzó el doctor tratando de serenar todas las emociones que en su corazón se venían conteniendo y parecían a punto de explotar a flor de piel-. Explicame todo en orden, primero quiero saber por qué te fuiste, por qué me separaste de mi hija y, por último, por qué se te dignó volver. Explícamelo ya.

-No hables fuerte. Pensá en Diana
-No seas sinvergüenza que la que no piensa en Diana, acá, sos vos- dijo Gabriel fulminando con la mirada a su interlocutora-. Vení Diana, vení a mirar la tele. ¿Pongo los dibujitos?

-No, a mi me gusta la novela- objetó caprichosa
-Pero es de noche, no podés mirar las novelas de la noche- le dijo con suavidad
-Mamá me deja- protestó cruzándose de brazos

-Pero papá no. ¿Me oíste? Se miran dibujitos o nada- replicó con seriedad como si estuviese acostumbrado a hacer aquello cada noche de su vida. Una angustia terrible lo invadió. ¿Cuántas otras cosas él se habría perdido de la vida de su hija? ¿Cuánto se habría perdido de corregir, enseñar, vivir, disfrutar, consolar cuando se lastime una herida o sanar un corazón roto?

La niña calló y se puso a ver el canal que para su padre seguía llamándose “Magic Kids” y ella lo conocía como “Disney XD”, él miró extrañado la televisión y sin más se dirigió a hablar con Laura.

Se sentaron en la mesa, mientras un aire de tensión se expandía en el ambiente, y suprimiendo las cortesías de la vida social, como invitar un mate o un café con biscochitos, Gabriel preguntó;

-¿Y?

-Bien- comenzó la mujer tras un largo suspiro- Me enamoré, como jamás en la vida. Me enamoré como nunca me habré enamorado de vos. Y decidí irme con él, lejos, a algún lugar en el que no me encontrases. Le dije que nuestra hija era de él y comenzamos a construir un futuro. Pero el tiempo…el tiempo deterioró el amor, es más ya no sentía nada por él, tal vez fue solo una obsesión. ¿Quién puede saber?

-¡¿Quién puede saber?!- replicó enfadado conteniendo las gruesas lágrimas de bronca que de sus ojos querían asomar y con un ademán se contuvo de no pegarle, sólo por ser mujer.
-¡También fue duro para mi regresar! Quiero que me perdones, por favor- suplicó

-Nunca en mi vida podría perdonarte… ¿no tenés parámetros del bien y el mal? ¿No sabés todo lo que me sacaste durante estos años sacándome a mi hija? No vengas ahora con eso del arrepentimiento, porque no tenés perdón…cuando los abuelos se enteren que durante dos años se perdieron de ver crecer a su única nieta, tal vez la última que tengan en su vida. Fuiste egoísta. Fuiste una porquería.

-Yo…
-Vos nada. Escuchame- le dijo tomando calma y volviéndose firme, recuperándose de la inestabilidad sufrida-. Yo no te voy a sacar la custodia, si es que te venís a vivir cerca de acá. Yo puedo alquilarte algo a unas cuadras de acá. Pero quiero que trabajes, para que no le falte nada y para que el día de mañana te vea como un ejemplo y no recuerde la madre que tiene ahora- prosiguió duramente-. Quiero verla todos los días, o día por medio como exagerando y los fin de semana llevarla a pasear a dónde se me de la gana

-Muy bien- coincidió agachando la cabeza


Al otro lado de la ciudad ya amanecía, y Cecil y Luca habían pasado la noche viajando en el tren Sarmiento ida y vuelta, ida y vuelta durante horas. Hasta que el hambre los hizo bajar de ahí, nuevamente en la estación de Once

-Por favor, no pasemos cerca de lo de Gabriel- suplicó Cecil cuando comenzaban a caminar introduciéndose en la plaza Miserere

-Bueno…pero te aseguro que a la guacha esa de Laura la habrá rajado a la mierda, no te preocupes. Para mí lo único que quiere el doc. es a su hijita- le dijo Luca con seguridad

-Hoy había festejos en la plaza ¿no?- preguntó la chica tratando de cambiar de tema-. Por el 25 de Mayo y los doscientos años o algo así

-Sí…pero va a ser re aburrido, y lo último que tengo ganas es de escuchar a la vieja esa hablar- dijo Luca demostrándole a Cecil que con diecinueve años todavía era un adolescente rebelde y sintió hacia él un cariño de madre, a pesar de que la diferencia de edad era de solo cinco años, entre su madurez había una distancia abismal.
-No seas irrespetuoso con la presidente- lo regañó

-Claro, ella me respeta mucho ¿no?- contestó realmente triste y Cecil comprendió que el rechazo que sentía hacia cualquiera de esas figuras era comprensible, tal vez él no era ningún angelito de Dios, pero tampoco tuvo la posibilidad de tener contención en un hogar o en una escuela, nadie que pensara en él como alguien con un futuro, una persona con potencial
-Tenés razón- lo consoló la chica-. Pero vamos a ver que onda. Che ¿Tenés pensado estudiar algo?
-Demasiado me costó el secundario- dijo riendo de la descabellada pregunta de su amiga
-Pero… ¿No hay nada que te guste hacer?

-No, bueno si hubiese algo que me guste sería solo para decepcionarme después y eso no me gusta. Prefiero ser feliz con nada, que vivir atormentado de sentido- le contestó un Luca filosófico
-No me vengas a hablar en forma de Tango, y además con intentar no perdés nada, si ya tenés la base…aunque sea dura y se caiga a pedazos la universidad pública es una de las mejores.

-Bueno…me gusta el fútbol. Podría ser periodista deportivo, pero no se si me da el bocho- argumentó débilmente
-No seas tonto, mañana voy a ver cuando te podés inscribir y el año que viene empezás
-Pero…
-Pero nada. Es mi última palabra. Y vas a trabajar para devolverle centavo a centavo lo que a Marianela le robaste
-Muy bien- coincidió agachando la cabeza



-¡Papá!- gritó Marianela al entrar en su casa y verlo tirado en el suelo con una mano en el corazón y respirando entrecortadamente. Tenía el teléfono sobre su regazo y unas cuántas boletas esparcidas por el piso- ¿Qué te pasó?- le preguntó desesperada mientras se agachaba a su lado. Desesperada buscó una almohada para él y luego llamó a una ambulancia

-Hija- expresó con dificultad- me duele mucho
-¿Dónde pa?
-En el corazón.
-No te preocupes, ya…ya llega la ambulancia. Quedate tranquilo- respondió con tal nerviosismo que sería imposible de tranquilizar a nadie.

Recién a la media hora la ambulancia llegó y el señor Landau fue trasladado al hospital dónde trabajaba Gabriel, por pedido de Marianela. Luego de una pequeña intervención quirúrgica el médico dijo;
-Él está estable por el momento. Sufrió un pre-infarto, pero es crucial para su recuperación que no sufra de ningún estrés porque puede ser fatal. Dígame… ¿el paciente sufrió algún episodio traumático reciente?
-Sí- respondió la muchacha con resentimiento- Sufrió una gran estafa y se enteró esta mañana
-Es una situación muy complicada y también le recomiendo a usted estar acompañada de algún familiar o amigo, por si necesitamos hacer algún trámite que el señor Landau no esté solo
-El amigo más cercano de la familia es un doctor de este establecimiento…Gabriel Duncan, no se si lo conoce
-Si, si Claro. El doctor jovencito. Sería bueno que lo llame a él o a cualquier amigo o familiar- dijo el doctor y se alejó, cuando la muchacha ya comenzaba a marcar el número de su amigo, después de varios tonos atendió, con una voz que denotaba cansancio
-¿Hola?- respondió desde el otro lado
-Gabi ¿podés venir al hospital?- preguntó la chica conteniéndose de no llorar por el miedo y el desamparo que sentía en aquel lugar tan angustiante
-¿Estás bien? ¿Qué pasó?
-Sí, yo sí. Papá tuvo un pre-infarto

Gabriel en otras palabras echó a Laura de su casa y se quedó con su hija, prometiéndole que al día siguiente iba a tener un lugar cercano dónde residir, pero que había surgido una urgencia, que se fuese a un hotel por solo esa noche
Sin saber nada de lo ocurrido, llamó a Luca contándole la situación y, por supuesto, este decidió concurrir al hospital también y como Cecil estaba a su lado también le contó lo ocurrido al señor Landau, pero no le dijo que Gabriel estaría allí

-No entiendo- le dijo la chica- a vos ¿Quién te llamó? Creo que serías la última persona a la cuál Marianela llamase
-Los del hospital. Ella no tiene parientes cercanos además del padre. Desde que su madre murió ya no se hablan.
-Entiendo, vamos- le contestó y se dirigió hacia el sentido contrario del que caminaban con apremio- el Bicentenario tendrá que esperar doscientos años más.


Eran las nueve de la mañana cuando en la sala de espera apareció por el extremo del pasillo, un alto, joven, rubio y bien vestido doctor que llevaba de la mano a una niña caprichosa.
Mientras que por el otro una chica de rulos alborotados y mirada ensoñadora iba acompañada de un casi adolescente con gorra de Nike, piercings y su particular remera del Barcelona. En el centro del pasillo una pelirroja que parecía salida de una propaganda de “L’Oréal París” a punto de decir “Porque vos lo valés” estaba recostada tristemente en el umbral de la habitación 317 dónde su padre se recuperaba lentamente. Los cinco se encontraron frente a la habitación y se miraron desorbitados, sin saber por dónde empezar a hablar.
Marianela se preguntaba… ¿quién era aquella pequeña que acompañaba a su amigo? ¿Por qué demonios se encontraba Luca allí, quién había sido el culpable de todo aquello? ¿Por qué Cecil había llegado con Luca? ¿Por qué tenía que pasarle todo aquello en un solo día?
Diana pudo observar lo perturbada que se veía la amiga de su padre y con su sencilla visión del mundo resolvió resolver los problemas de aquella con un fuerte abrazo que sólo llegaba a las rodillas de Marianela, la chica conmovida se agachó y dejó consolarse por la pequeña durante largo rato sin decir palabra.

1 comentario:

*VERO* dijo...

espero por el proximo capitulo!!