domingo, 21 de marzo de 2010

Cuentos: Ayer, Hoy y Siempre

Como sabrán cada tanto subo un cuentito al blog y el motivo es por participar en los concursos de PR, así que ya saben si les gusta el cuentito lo pueden votar en "Concursos" xD.
Espero que les guste ^^ Besos

Ayer, Hoy y Siempre


Por ese entonces tenía ocho años, corría el año mil novecientos setentiocho y las cosas…eran muy diferentes de ahora, era una época difícil para todos los ciudadanos, pero yo tenía ocho años, no me importaba demasiado, y tampoco lo entendíamos demasiado.

Yo y mis cinco hermanos solíamos entretenernos con estupideces, lo que todos conocemos de esa época, bolitas, la rayuela, la escondida.
Y deberían de seguir jugando a eso, porque nos movíamos de acá para allá, haciendo actividad física sin proponérnoslo y comiendo lo que quisiéramos sin restricciones, sin tener que preocuparnos por una obesidad futura. Cómo esos nenes de las películas que sólo comen papas fritas y juegan con la Play Station XVII

-Abuela- interrumpió la nieta con parsimonia- No existe el Play Station XVII, recién vamos por la VI, es el 2060 y todavía nos quedan unos cuántos modelos más hasta que en el 3012 se acabe la tierra, como lo predijeron los… ¡Esperá! Me estabas contando una historia y te fuiste por las ramas, dijiste que tenías ocho años y ahí te quedaste.

Bueno, yo tenía un balero que me gustaba mucho y era el tercer año que comenzaba ya la escuela primaria, pero como te dije, era una época difícil. En especial en los colegios…te azotaban, te maltrataban, te hacían de todo menos enseñarte. Deberías ver unas películas que se hizo de esa época, y ahí entenderías lo que sufrimos. A mis padres les robaron un bebé al nacer, imagínate su angustia Cecilia.

-Soy Florencia, abuela.

No me interrumpas cuando hablo…maleducada- murmuró por lo bajo- Te decía…la escuela era un infierno y a mí me habían sacado mi balero y dejado sin comer en ese internado por muchos días. Tenía bronca, pero también miedo, con sólo ocho años me sentía tan sola allí, por eso empecé a pensar y pensar hasta que encontré una forma de sentirme libre. Logré escaparme todas las noches al patiecito de la escuela sin que me vieran y todas las noches caminaba y sentía el aire fresco del otoño inundando mis pulmones del oxígeno que me faltaría durante el día.

Todo iba de maravilla hasta que me di cuenta que no era la única que se había avivado en aquella travesura, un día me topé con otro nene, si supieras querida que vergüenza. Lo choqué en una esquina y caí boca abajo, con el viento mi pollera se alzó hasta mi espalda. El tonto no paraba de reírse y yo de llorar y amenazarlo con gritarle y pegarle al otro día, cuando oímos unos pasos. Parecía ser que una de las maestras, de las brujas esas, andaba por ahí vigilando.

Entonces nos metimos por un pasillito y nos escondimos, pasó un largo rato que no dijimos ni una palabra, por miedo a que todavía estuviera cerca esa profesora.

Y en ese instante me di cuenta de que él tenía los ojos rojos de llorar como yo, éramos dos nenes de ocho años realmente atemorizados por lo que una de esas crueles maestras nos pudiera azotar si nos llegara a encontrar. Yo le dí unas palmaditas en la cabeza y le pedí que no le contase a nadie lo de la pollera, porque sino yo le iba a decir a los otros nenes que él había llorado.
Me dijo que por el amor de Dios que jamás en mi vida les contase tremenda anécdota a los demás, y me reí de él y él se rió de mí.

Nos quedamos otro largo rato en silencio porque aún el miedo seguía latente, le dije que ya me quería ir a dormir porque a la mañana nos teníamos que levantar a las seis en punto, pero el miraba el piso y no se dignaba a acompañarme.

Lo reprendí y lo volví a amenazar con contarles a los demás que el pequeño había llorado, pero no dijo nada, se acercó hacia mí y posó sus labios sobre los míos por unos interminables segundos. Me acompañó hasta la puerta del cuarto de las chicas y se fue a dormir sin haber dicho una palabra, ninguno de los dos.

-Que linda historia- comentó su nieta dedicándole una dulce sonrisa a su abuela

La abuela tomó una foto y en ella acarició la imagen de un reluciente soldado que la miraba desde años distantes y percudidos con el tiempo.

-Si, querida. Tu abuelo fue mi primer amor, el segundo, el tercero y el último- dijo la abuela tras acercarse a la ventana. Afuera las estrellas brillaban como nunca antes, rodeó a su nieta en un cálido abrazo y le dijo mientras miraba a una estrella que brillaba con más intensidad que las demás- Sé que el me espera allá, algún día me iré con él. Pero ahora estoy contenta con el fruto del fruto de nuestro amor.

FIN

2 comentarios:

Maria dijo...

http://community.livejournal.com/ohnotheydidnt/45191657.html#cutid1

Anónimo dijo...

Hi, guantanamera121212