martes, 16 de febrero de 2010

Ensueño en Buenos Aires. Capítulo 2

Gracias a los que leyeron el primer capítulo, espero que les guste el segundo ^^

2.

Todo estaba listo para la estafa planeada hace cinco años de Luca y sus dos amigos.

La víctima era un importante empresario del barrio de Recoleta, habían seguido todos sus movimientos de las ocho de la mañana a las doce del mediodía todos los benditos días hacía dieciocho meses. Sabían su cuenta bancaria, sus claves de seguridad, su color favorito y hasta su talla de abrigo.

Conocían de Roberto Landau desde el pelo hasta la punta de sus pies, como dice la canción de Arjona.

Cada detalle estaba planeado en una simple operación bancaria, esta vez ninguno de los tres se ensuciaría las manos. Aquello era lo más importante del plan, porque sus antiguos delitos a mano armada les habían costado unos meses de cárcel, aunque merecían más, el hecho de ser menores les jugaba a favor.

Ahora los tres tenían diecinueve, una mala movida y el juez no sería ten complaciente como antaño. Por eso cambiaron de estrategia y los meses presos les hicieron aprender de los maestros, decidieron así planearlo todo con precisión, descubrieron que eran más inteligentes de lo que pensaban y que falsificar cheques y realizar giros bancarios a su favor, era lo suyo.

Tenían casi todo lo que necesitaban para mandar a una cuenta a otro país el dinero del empresario, pero les faltaba una cosa: su documento nacional de identidad. ¿Y quién era el encargado de conseguirlo? Ese era Luca, el menos capaz de entender a ciencia cierta lo que estaban realizando los otro dos, pero el más dotado a la hora de la acción.

Luca esperaba apacible en la esquina entre Av. Callao y Guido, el chico moreno, de piel trigueña y ojos azules, gracias a los lentes de contacto, se había vestido con su mejor ropa para no llamar la atención en aquel lugar tan “distinguido” de la ciudad.

Vio aparecer por la otra esquina al señor Landau y su corazón comenzó a acelerarse, pero respiró hondo y caminó resueltamente hacia él. Como lo conocía hasta la punta de los pies sabía que su DNI estaba a mano en el bolsillo derecho del pantalón vaquero.

El chico llevaba una camisa de manga larga dónde sostenía escondida una moneda de un peso, cuando se encontraron lo chocó con su hombro izquierdo

-Discúlpeme, señor. Estaba distraído yo- le dijo en el momento que tiraba la moneda al piso- miré se le cayó- apuntó señalando el piso “ah” dijo el aludido y se agachó a recogerla en ese instante Luca metió suave y decididamente la mano en el bolsillo derecho del vaquero de Roberto Landau y extrajo el documento sin que este se diese cuenta “como puntear en el tren” recordó el delincuente.

-Muchas gracias- le contestó y siguió su camino.

En tanto Luca se sentía feliz y en estado de éxtasis por lograr la última maniobra después de tantos años, y aquella felicidad no la podía gritar a viva voz, porque sería sospechoso un chico con aspecto de proceder de otra localidad mucho menos inferior a la gente de ese lugar gritando como loco. Se contuvo, respiró como su padre le había enseñado y en la siguiente esquina entregó el documento a Rodrigo, quien iba a ser encargado de realizar la operación

-Lo hice, así de fácil- le comentó con una sonrisa de oreja a oreja- perdimos un peso…pero quien sabe esta gente, si fuese una moneda de cincuenta centavos quizá no se molestaría en agacharse. Dios, estoy tan contento, soy un genio.

-Callate boludo, nos van a escuchar y además…lo difícil nos toca ahora a nosotros dos, vos quedate vigilando la zona, por si pasa esas putas casualidades de la vida que al viejo se le cante volver a casa y pasar por el banco- le espetó

-Dale, andá y en media hora los veo en… ¿hay algún lugar barato por acá?- preguntó a su amigo apurado, porque su estómago después de la primera victoria le pedía comida a gritos.

-No, no hay nada barato en este barrio. Hacé que te atropelle un auto en frente de aquel bar y vas a ver que te dan comida gratis- bromeó su amigo, preparando fuerza para lo que se enfrentaba en unos minutos en el banco. Luca se encogió de hombros con un “bueno, es buena esa”.

Rodrigo fue a encontrarse con Gastón en la siguiente cuadra y juntos se dirigieron al banco con el DNI de Roberto Landau, con un registro que declaraba que Rodrigo era su apoderado y con su clave de seguridad anotada en un papel. Sí todo salía de maravilla, recién en un mes el señor Landau se iba a enterar de lo ocurrido con sus ahorros, tiempo suficiente en el que Luca, Rodrigo y Gastón se retirarían al Brasil en una vida de millonarios. Si es que invertían bien aquel dinero.

Un plan brillante, pensó Luca cuando se dirigía a fingir que un auto lo atropelle en frente del bar del que pretendía algo de comida gratis. En ningún momento tomó las palabras de Rodrigo como una simple broma, le parecía de lo más astuto.

Cruzó por mitad de la acera y miró a la dirección contraria de la mano del carril, el Mercedes Benz no venía a gran velocidad, por eso el conductor intuyó que el chico se apuraría al pasar. Pero Luca siguió caminando hasta sentir el auto casi en cima y como éste ya estaba frenando dio un saltito y fue a sentarse al capó y con un ademán teatral golpeó su cabeza contra el vidrio; el conductor salió del vehículo con los pelos de punta

-¡Pero pendejo! ¡¿No mirás al cruzar?!- le gritó con toda la furia al ver que el vidrio se había rajado

-Ha Ahu- gimió Luca levantándose como quien a sufrido una gran fractura, tocándose la nuca como si de allí saliera sangre y ¡bingo! Una chica salió del bar aún con la bandeja y el trapito de limpiar las mesas en la mano “y acá está mi comida gratis” se dijo para sus adentros- Creo que me rompió algo ¡cómo podía venir tan rápido en donde los carteles de velocidad indican cuarenta de máxima!

-Yo venía despacito, nene- contestó con más suavidad que la vez anterior- y vos te me cruzaste

-Pero que animal- murmuró la chica que estaba presenciando la escena- si yo misma lo vi, primero que venía andando fuerte y ahora encima le grita al pobre chico que cruzaba bien la calle como corresponde

-No te preocupes- dramatizó Luca con la impotencia que conlleva una injusticia- Dios, sabe quien obra bien y quien no. Quédese tranquilo, no lo voy a demandar, porque aprendía a perdonar hermano- dijo conmoviendo a la chica y encolerizando al hombre, mientras se levantaba de encima del auto, el conductor se subió y ahora sí que superó la velocidad máxima gracias al mal rato que el joven le hizo pasar

-Yo vi que cruzaste mal, pero eso que dijiste estuvo…demasiado teatral ¿enserio te duele algo?- le preguntó invitándolo a entrar al bar

-Sí, bastante- contestó con las mejillas ardiendo porque mal que mal la chica lo había descubierto en parte.

Él se sentó en una mesa alejada y ella fue a pedirle a otra empleada que se encargara de los demás mientras se iba a sentar con él, trayéndole un jugo de naranja exprimido y unos brownies de chocolate…”hoy es el mejor día de mi vida, sino me equivoco” pensó el ladrón cuando observó a Marianela y al bar; éste era pintoresco, un lugar que jamás pudiera pagar por su cuenta y ella era la clase de chica que en su barrio no aparecía ni de casualidad. Tenía esa pinta de famosa: la ropa de marca, la silueta cuidada y desprovista de grasa, sus ojos eran dos motitas de miel y el cabello era pelirrojo, se notaba que era natural. Él no había salido con muchas rubias, pero una pelirroja de verdad eso sí que le faltaba a su lista. Y para la frutillita del postre al sonreír se le fue esa cara seria cuando lo acusó de cruzar mal la calle y mostró su mejor expresión de adorable

-Lindos ojos- le dijo la chica cuando se sentó a traerle la merienda para sustos luego de que te atropella adrede un auto

-Son lentes de contacto, nena- se quejó de que ella notase en él lo único que no le pertenecía, pero sabía que le quedaban bien

-Ya sé, “nene”- pronunció enfatizando la última palabra, dando a entender que aquél trato de nena/nene no le gustaba- por eso lo dije, porque quería ver si eras arrogante y no lo admitías. Porque últimamente conozco a chicos arrogantes e insolentes y siempre termina mal

-Sí soy así- contestó con el brownie en la boca- Luca, el chico insolente y arrogante- se presentó

-Marianela Landau, la chica que trabaja obligada en el bar de lujo de su padre, porque no quiere estudiar- dijo con una sonrisa

Luca se atragantó con el brownie y tomó un largo sorbo del jugo para recomponer la postura. Tantos años estudiándolo y se vino a olvidar que en el bar dónde estaba siendo atendido trabaja la hija Roberto Landau; Marianela Landau.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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