lunes, 19 de octubre de 2009

Destruidas: Primer Capítulo

Ya les conté que van a ser historias cortas y separadas con diferentes problemas, edades y vidas. Estos son los títulos de los tres primeros; cuando los vaya subiendo le agrego el enlaze^^ Espero que las historias les gusten. Un beso e infinitas gracias a todas por los comentarios por el último cap de cazadores de sombras :)

DESTRUIDAS

1. Luna, Juntos es más fácil.
Parte 1 Parte 2
2. Katrina, no te fíes de extraños.
Única parte
3. Estefania, heridas de la infancia.
Única parte
4. Ámbar, esperanza en la marginación

1. Luna

Primera parte

-¿Y por qué piensas que necesitas terapia?- indagó el psicólogo

-En realidad- comenzó Luna, tanteando sus ideas y proyectando una respuesta- yo, no creo que la necesite, estoy bien. Son mis padres y mi doctor, los que congenian y dicen que necesito venir…-aseveró con poca convicción

-Entonces, ¿por qué piensas que tus padres decidieron que la necesitabas?- siguió insistiendo el profesional.

Luna suspiró, sin ganas de explicar lo obvio. Ella estaba ahí porque su vida era un completo desastre, y solo por su mala suerte -siempre se decía, que el problema era su suerte-

-Estoy acá porque nací con distrofia, quiero decir mis órganos de ese sistema no tienen la misma forma que el de los demás y mis esfínteres no funcionan como el suyo. Porque estoy acá sentada y tengo ganas de hacer pis, en realidad, no la tengo. Pero voy por inercia…porque ese es uno de mis problemas, mi mecanismo no me avisa, como a usted cuando debe ir al baño.

-A bueno, perdoname- prosiguió él usando su misma voz, seria y comprensible a la vez- pero…naciste meada por dinosaurios

Luna rió estridentemente, tal vez porque hacía mucho que no reía espontánea, las cosas no solían causarle gracia y ese constante malhumor, llevó a su madre a mandarla allí porque literalmente no la aguantaba. Y aquel comentario, le cayó a la mar de bien. Odiaba que le tengan lástima o el otro extremo, el de minimizar la situación…lo que dijo fue simplemente justo, lógico.

-Sabes, que casualidad, tengo un paciente de tu edad, en el turno que sigue…con algo parecido- meditó, mientras rebuscaba en su cabeza que tenía el paciente- Él lleva una sonda permanente…no me acuerdo bien, pero se la pasa a las puteadas cuando viene… ¿es lo mismo que llevas?

-No- se atajó, sorprendida de sonar tan a la defensiva- quiero decir, sí las tuve que usar varias veces, pero no permanente por suerte

-Ah, claro. Bueno, ese es todo nuestro tiempo por hoy. La semana que viene, vendrás de nuevo al mismo horario. ¿De acuerdo?

-De acuerdo- afirmó Luna, sin muchas ganas.

Se levantó y cerró la puerta tras sí. Afuera miró al chico que estaba por entrar a la sesión, era alto, de pelo castaño y su tez pálida como el papel. Podría ser bonito, pero su aspecto desalineado, su expresión de enojo y su ropa del suburbio no lo favorecían, pero, Luna podría asegurar una cosa; ese aspecto, era para pasar desapercibido. Si sabía ella, sobre pasar desapercibida.

Y al verlo, sus ojos le parecían reflejar los suyos, entonces hizo algo que nunca antes haría, porque no era algo habitual

Se acercó a él y tomó su mano, mirándolo fijamente a los ojos. Sin decir absolutamente nada lo besó fugazmente en la mejilla y se fue a grandes zancadas hasta afuera del consultorio. Él entró a la sesión con el psicólogo.

Afuera, no había nadie que la esperase. Se preguntaba porque al psicólogo no le contaba estas cosas, en vez de dar vueltas con sus enfermedades. Cuando llegue mi perro me espera, pensó riendo Luna. Pero antes pasó por el kiosco de todos los días, un pequeño sucucho que no tenía más que un par de caramelos y chicles.

-Lo de siempre- anunció sin levantar la vista del suelo y entregó un pequeño puñado de dinero

-¡ya me debés demasiado, pagame lo que me debes!- le espetó un señor gordo y calvo, sin el menor dejo de adulación en sus palabras. Luna, por fin levantó la mirada, sus ojos suplicaban desesperados

-Esto es todo lo que pude conseguir hoy, prometo conseguirte el resto…en cuanto pueda

El hombre bufó unas incomprensibles palabras y a regañadientes le entregó unas cuantas píldoras

-Y una seven-up- pidió Luna con un tono más calmo. El aludido se la entregó con el mismo mal-humor y cerró la ventanilla con un golpe seco

Ella fue hasta el parque más cercano, era domingo y no tenía muchas ganas de volver a su hogar, tampoco de ver a sus amigos, últimamente se sentía aburrida y como una extraña con ellos. Se sentó en un banco y cerró los ojos aspirando la ternura de una suave brisa; era el mejor momento del día. Bajo su vista hasta las pastillas, ingirió unas cuántas junto a buen trago de Seven-up

-Buena forma de resolver los problemas- anunció detrás de sí una voz cansada, con un dejo de resignación y se sentó a su lado, mirando el suelo pero perdido en algún impreciso punto.

-¿Y a vos qué te importa cómo resuelvo mis problemas?- contestó Luna enojada

-Porque ahí adentro, me pareció que me entendías- reconoció echando un vistazo hacia la clínica psiquiátrica

-Perdón, no estoy acostumbrada a buenos tratos- replicó sonando a la defensiva y extendió una mano a su interlocutor

Él la miró solo un momento, una sonrisa cruzó por su rostro. Su mirada hizo acelerar el corazón de Luna inadvertidamente, sintiendo el impulso de acercarse más a él….él

-¿Cómo te llamás?- pensó en voz alta

-Francisco…sí un nombre de viejo pensarás- dijo sin apartar la vista de los ojos de ella, Luna se sentía extremadamente incómoda con él a su lado, tal vez era peor que incomodidad…intimidada se sentía por ese desconocido

-No, no…es un nombre bonito- respondió riendo y miró sus manos, para no sentirse tan extraña de seguir mirando a Francisco.

Entonces Francisco se acercó a Luna y con su mano acarició su rostro, sin dejar de mirarla fijamente la besó

-¿Te pasa algo? Parece que te fuiste a mil kilómetros de distancia- observó el chico echándole un vistazo

Luna se ruborizó. ¿Por qué carajo se había puesto esa imagen en la cabeza? ¿Qué diría él si lo supiera?

-Noo, nada nada. Me tengo que ir- replicó ella levantándose, mientras guardaba las pastillas y la seven-up en la mochila

-La próxima sesión, tenemos en grupo- contestó Francisco mirando fijamente como una paloma picaba a otra. Genial, él había venido a decirle solamente eso y lo saludó con la mano. Pero él no había prestado la más mínima atención.

Una vez que se marchó, Francisco levantó los ojos para verla alejarse. Estaré peor que ella de salud, pero me gana en locura- pensó riendo mientras sacaba de su mochila pan que traía todos los días para las palomas y algún que otro perro que se acercaba